Una frase del propio Moody resume perfectamente este libro: a veces los géneros son un problema de las librerías (y de las discotiendas). Es fácil hablar de Demonología y remitirse a los Carver, a los Pynchon, los Cheever, e incluso a los Eugenides, Franzen o Lethem de la literatura norteamericana. Está en boga eso de andar inventando genealogías o emparentando sospechosos aires de familia. Lamentablemente, no siempre da resultado cuando lo inusual es la norma.Como algunos de sus personajes más entrañables y extrafalarios, el buen Rick creció en los suburbios de Nueva York, entre escombros de modernidad y desechos industriales. Luego de un período bastante turbio que lo llevó -según lo relata él mismo en su celebrada autobiografía El velo negro- a internarse en un sanatorio para recuperarse de su recalcitrante toxicomanía, Moody publicó su primera novela, Días en Garden State, un retrato sobre algo así como el imperio de la disfuncionalidad. Y la disfuncionalidad es una de las piedras de toque sobre las cuales se yergue la corrosiva y poderosa narrativa de Rick Moody.
Cada uno de los trece relatos que compone Demonología adopta un tono singular, un disfraz apocalíptico en el cual se oculta la piel de la pérdida o del amor, el borde mismo que conecta la ecuanimidad y la locura. Y no es para menos: todos los protagonistas viven un mundo enrarecido, perdidos en lenguajes ajenos y efímeros. No importa si se trata de una colección musical a modo de biografía, de una parodia conchuda a los cuentos de hadas o de la evocación fragmentaria de una hermana muerta. Retornamos siempre al centro mismo del desconcierto.
Los cuentos de Moody huelen a cultura popular contemporánea. Las ambigüedades del pop al servicio de una imaginación que cabalga entre la iluminación y la desesperanza. Entre un lirismo desolado y la entrañable ironía que lo acompaña, encontramos a Moody hurgando en su memoria, fraguando historias familiares, pateándole el trasero a los difusos límites entre la ficción y la vida real. Quizá este sea uno de esos libros que hubiese escrito Tom Waits (si el fulano hubiese querido escribir algo más que canciones).
Todos los umbrales tienen sus tinieblas, dice Moody en alguna parte. Y tiene razón. Este libro –un inactual del cual sobreviven algunos ejemplares en Lima– se encuentra más allá de todas las buenas noticias, deambulando entre los escombros de una mitológica vida norteamericana, que en un principio auguraba paraísos artificiales y terminó encontrando solamente el tenue encanto de la desolación.
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