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El cumpleaños más esperado de Sandro
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El 19 de agosto de 2007 hacía mucho frío afuera de la casa de Sandro en el barrio de Banfield, en Buenos Aires. La temperatura apenas llegaba a los 8 grados centígrados.
Un año antes se había cortado el rito de todos los 19 de agosto y el “gitano” tuvo que recibir su cumpleaños número 61 en la cama de un hospital luchando contra una afección pulmonar para seguir viviendo. El 2006 no hubo saludo a sus “nenas” menos festejos.
Una tardía y fría aparición el 5 de noviembre no fue lo mismo.
Era por eso que ese 19 de agosto era especial. Había mucha gente. A las “nenas” de todos los años se les había unido “nenas” de diferentes países, fanáticos, imitadores, comerciantes y periodistas con sus cámaras de televisión. La fiesta estaba armada para celebrar el regreso de un grande, para disfrutar viéndolo mover la mano y mandando besos. Pero Sandro no salía.
Había dicho que aparecería sólo si la temperatura llegaba a los 10 grados centígrados.
Los termómetros no se movían y aunque esperanzadas las “nenas” empezaban a impacientarse. Hubo más de una que se imaginó llegando derrotada a su casa con el polo que mandó a estampar, con la pancarta confeccionada la noche anterior que decía “Sandro te amo”. Y en su cabeza se dibujaba el rostro del esposo burlándose de su fracaso.
Eran las dos de la tarde y Sandro no salía. Los imitadores habían ido a comprar algo de comer, los vendedores de cds habían agotado su stock y esperaban, con la única ilusión de sentirse parte de un todo. Se respiraba un clima de tensa expectación.
A Sandro le habían diagnosticado un enfisema pulmonar que casi lo mata el año 2006.A mi me costaba creer que aquel poseído que cantaba “Rosa, Rosa” pudiera seguir vivo. Pero más me costaba creer estar en medio de aquella tragicomedia que consistía en saber si Sandro salía o no salía.
Mi padre que es médico y que trabaja en Lanús, barrio en el que nació Sandro, me decía que no era descabellada la petición del “gitano”.“De no mediar otra enfermedad, Sandro va a morir del pulmón tarde o temprano”, me dijo con la convicción que le da el trabajar todos los días con enfermos.
Era por su culpa que estaba afuera de la casa de Sandro. Un problema en su auto nos había obligado a buscar algún entretenimiento mientras llegaban los de la grúa. No se le ocurrió mejor idea que mostrarme la casa de Sandro.
Cuando le dije que ya había pasado el tiempo suficiente como para que la grúa llegue, se escuchó un barullo. Las “nenas” enloquecieron, algunos se pisaron. No pude ver nada. Dicen que dijo “muchas gracias”, que salió con una enorme bufanda blanca, que derramó algunas lágrimas, quizá sabiéndose ya viejo.
La temperatura, me enteré al siguiente día, había llegado a 9,9 como máxima.
Sandro – Rosa, Rosa…
Publicado en Perú21





ese sandro
tenía q ser leo
q me pongan “yo te amo”