Joyce, una epopeya contra Dios

Para nadie es novedad que Joyce es uno de los escritores que ha llevado su anti-catolicismo con un fervor único. Es paradójico que un hombre que se educó bajo la tutela de los jesuitas sea uno de los más prolíficos escritores réprobos de la historia de la literatura.

Lo que la Compañía de Jesús le dio [...]

Para nadie es novedad que Joyce es uno de los escritores que ha llevado su anti-catolicismo con un fervor único. Es paradójico que un hombre que se educó bajo la tutela de los jesuitas sea uno de los más prolíficos escritores réprobos de la historia de la literatura.

Lo que la Compañía de Jesús le dio a Joyce fue tan complejo y vasto, que no es arbitrario decir que su obra es la contribución involuntaria de los jesuitas a la Literatura Universal. Conforme la educación de la congregación formaba al Joyce ¿cristiano?, también crecía su genio artista. Así, mientras se enfriaba su fe católica, se iniciaba su fe por el arte.

Para Joyce, el camino hacia el más allá era el arte y no la religión. Fueron sus disquicisiones sobre el pensamiento estético de Santo Tomás de Aquino con lo que empieza a notarse claramente su oposición a las autoridades católicas. Vendría también la crisis de la fe y el cuestionamiento de la moral cristiana. Así, en una carta a Nora Barnacle, escribió: “Hace seis años que dejé la iglesia católica odiándola con el mayor fervor. Encontraba imposible para mí seguir en ella a causa de los impulsos de mi naturaleza. Le hice la guerra en secreto cuando era estudiante y rehusé aceptar las posiciones que me ofrecía. Con esto, me he hecho un mendigo, pero he conservado mi orgullo. Ahora le hago la guerra abiertamente con lo que escribo, digo y hago. No puedo estar en el orden social sino como vagabundo”.

La religión y Dios juegan un papel importante en la obra de Joyce: Dios está presente de distintas maneras, en mayor y menor medida, en cada obra suya. Tanto así que llama Esteban Dedalus al personaje de su primera novela, Retrato del artista adolescente, entregándonos el retrato de un artista católico renegado como héroe. Esteban (nombre del primer mártir cristiano), y Dedalus (el más grande inventor del paganismo, prototipo del ser inconforme).

Ahora, bien, si Joyce renegó de la religión, no desechó la armadura lógica que los jesuitas le dieron; acercarse a las cosas hasta conocerlas totalmente para poder manipularlas. Joyce se alimentó de la religión cristiana para sabotearla desde adentro, pues conocía sus rituales y sus fundamentos filosóficos.

Basta recordar el inicio de Ulises, donde Joyce satiriza la misa en el desayuno entre Stephen, Buck Mulligan y Haines; donde Mulligan fríe una tortilla para repartirla luego con parodias de liturgia, “in nomine patris, et filie, et spiritus santis”; antes, Mulligan, se afeita también usando la liturgia católica como analogía.

Joyce consideró al arte como la expresión central de la vida, y a la religión como enemigo natural del espíritu libre y creador. Por ello había que minar la religión con ataques precisos. Esto es, en vez de derrumbarla, acomodar sus principios con sutileza, empleando para ello “el silencio, destierro y astucia”. Desde el destierro, como un paria con absoluta distancia, construye su andamiaje literario que pretende ir más allá de toda moral y literatura convencional, ir más allá de la mortalidad.

¿Qué nos propuso Joyce en su obra? Aparte de crear un metalenguaje dentro de la literatura, jugar con los significantes; propone ir más allá de toda moral, una “metamoral”; propone desvestirnos de toda vestimenta cristiana por considerarla castrante de la formación de un espíritu libre.

Para manipular mejor sus ataques contra la iglesia católica, recurrió a sus recuerdos de niño, las discusiones de política y religión en su casa, reflejados luego en el Retrato del artista adolescente. “Bien que se acordará del lenguaje que oyó en su propia casa contra dios y la religión y sus ministros. Pues que se acuerde también - gritó mister Casey dirigiéndose a Dante a través de la mesa - que se acuerde también del lenguaje con el que los sacerdotes y su cuadrilla remataron a Parnell y le llevaron a la sepultura. Que se acuerde también de esto cuando sea mayor.” Las discrepancias, a nivel personal primero con los sacerdotes, fue lo que hizo nacer en él una antipatía hacia la iglesia.

Luego vendría un cuestionamiento total, convirtiéndose en un réprobo más contra dios. Es el genio literario de Joyce uno de los más inexhaustos espíritus del siglo XX.

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