Sobre el circo tricolor
(4)
Compartir
por
Alberto Bossa
Por Alberto Bossa, desde Colombia.

Este sábado, muchos colombianos despertamos la resaca con una noticia que llenó a gran parte de la población de esperanza y expectación. Raúl Reyes, segundo al mando de la guerrilla de las Farc, había resultado muerto luego de una operación militar en el Putumayo, región del sur de Colombia. En el transcurso del fin de semana la situación se fue clarificando, el bombardeo había sido un poco más al sur, exactamente 1.800 metros al sur de la frontera, en territorio ecuatoriano. En Ecuador el presidente Correa estallaba en furia y en Venezuela, Hugo Chávez enviaba a 10 batallones a custodiar la frontera y acusaba a Colombia de ser un país abocado a la guerra. En Colombia, el presidente Uribe guardaba silencio ante la andanada de críticas e insultos en contra de su gobierno y la situación parecía no tener fin. Ayer hablaba con una amiga que me decía como excusándose “pero es que era Raúl Reyes y había que acabar con él. ¿Por qué se enojan los de Ecuador si son apenas unos 1.000 métricos?” La miré, respiré hondo y me dejé ir.
Desde todos los frentes
Ante la avalancha de información en la que nos vemos envueltos y las acusaciones de Ecuador, con fundamento, de violación a su soberanía hay que hacer precisión ante algunas cosas. El gobierno colombiano en cabeza de su presidente, Álvaro Uribe, aceptó totalmente la responsabilidad de la intromisión en territorio ecuatoriano. También que el director de la Policía presentó pruebas extraídas del computador de Reyes donde se explicitan los vínculos entre el gobierno de Rafael Correa y Hugo Chávez con las guerrillas de las Farc. Se demuestra también algo que se ha denominado como el “chantaje humanitario”, donde las Farc liberaban secuestrados a conveniencia de tal o cual mandatario en busca de lustre político.
En Nicaragua y Venezuela, los presidentes de ambos países rindieron un minuto de silencio por la memoria de su camarada muerto, incluso el canciller de Francia lamentó la muerte de Raúl Reyes porque, a su parecer, esto haría más difícil la liberación de Ingrid Betancourt y, por extensión, el clima político contra Sarkozy.
Hugo Chávez en Venezuela, ruega por un enfrentamiento que lo libre de responsabilidades al interior de su país, militariza la frontera buscando la guerra que lo trasforme definitivamente en ese Bolívar que tanto desea.
En la OEA, los representantes de la gran mayoría de los países condenan a Colombia debido a la intervención en Ecuador, más por sus propios problemas fronterizos y para que quede sentado el precedente, que por un verdadero apoyo a Ecuador. La presidenta de Chile es la primera en el hemisferio en pronunciarse pensando más en sus disputas limítrofes con Perú y Bolivia que en una solución mediada al conflicto. Nuestros otros dos vecinos sudamericanos, Perú y Brasil, se han mostrados partidarios del dialogo y han pedido a Venezuela que se abstenga de intervenir en una disputa que no es suya. Los Estados Unidos apoyan a Colombia como aliado “incondicional”, pero están más interesados en quedarse con el petróleo venezolano de la misma forma en que lo hicieron en Irak. Todo el mundo habla, todo el mundo opina pero nadie llega a alguna solución razonable.
¿Y las Farc?
La muerte de Raúl Reyes es sin duda el golpe más fuerte dado a las Farc, por parte del gobierno, en los más de 40 años de conflicto en Colombia. Se logró la muerte del segundo al mando en el Secretariado de las Farc, quien controlaba la parte “ejecutiva” de la organización y quien era mediador entre la línea dura de la guerrilla, en cabeza del Mono Jojoy, y la línea del dialogo, expresada por Iván Márquez.
Al día siguiente de su deceso las Farc publicaron un comunicado afirmando que la muerte de Reyes no influiría en el proceso de liberación de otros secuestrados, aunque eso es lo que han venido pregonando los gobiernos vecinos. Venezuela acusa a Colombia de no querer la paz en el país y que la muerte de Raúl Reyes es un acto de guerra. Claro, Colombia está en guerra contra las Farc, la cual se ha ensañado en contra de la población civil a lo largo de todo el territorio nacional. Ecuador por su parte afirma que estaban negociando la liberación de Ingrid Betancourt y más personas secuestradas y que el “vil asesinato” de Raúl Reyes ha echado por tierra todos sus esfuerzos “humanitarios”. En estos momentos la palabra “humanitario” se ha vuelto de extrema desconfianza, la usaron los guerrilleros que entregaron, hace al menos una semana, al grupo de 4 ex congresistas secuestrados. El jefe de la cuadrilla repitió, como leyendo de algún guión, que los liberaban porque podía más lo “humanitario” de las Farc que la intransigencia del gobierno colombiano. Es curioso que hablen en términos “humanitarios” cuando tienen al lado a Gloria Polanco, a quien secuestraron junto a sus dos hijos desde su apartamento, por quien cobraron un gigantesco rescate para no liberarla porque ahora era una “secuestrada política”, a quien las Farc asesinaron a su esposo, Jaime Losada, mientras estaba secuestrada. “Humanitario” hubiera sido dejarla criar a sus hijos, “humanitario” no es asesinar a once secuestrados por la espalda.
Ahora es claro que hace falta mucho más que los buenos oficios de la OEA para dirimir este conflicto y más cuando Chávez está buscando una excusa para una confrontación bélica. Ahora todo se ha trasformado en el carnaval bolivariano donde con tanta maestría se mueve el presidente venezolano. Atención y palmas, se levanta de a poco la carpa de este nuevo circo tropical de bandera tricolor llamado Colombia, con la actuación de los principales payasos de la región, Correita, Orteguita y El Chávez. Boletas a la venta, aunque no se apresuren, hay sitio para todos y la función está lejos de acabar.




Me parece una falta de memoria monumental o, mas precisamente, pura amnesia cínica creer que el problema de la violencia en colombia se reduce a las FARC o cualquier guerrilla versus el orden y la legalidad que representa(?) este o cualquier otro gobierno en colombia. Para entender el problema hay que ir al origen del problema: El nombre de Jorge Eliécer Gaitán les dice algo? Para quienes no lo sepan este señor, un lider democrático y futuro presidente de colombia, fue asesinado en 1948 por la derecha que ahora y siempre gobiernan ese pais. Y ese crimen es solo uno más de los que se cometen siempre que las puertas de la paz y la reconciliacion se abren timidamente en ese país. No es curioso esto? La alta burguesia colombiana, sus paramilitares y lacayos, tan lacayos como ellos mismos le son a los EU, lo menos que desean es paz y reconciliación en dicho país. Los miles de millones de dólares que al año EU obsequia a esta parasitaria y “legal” colombia son la razon por la que cualquier asomo de paz morirá. Garcia Marquez tituló “100 años de soledad” a ese formidable fresco de la tragedia que es Colombia y cuyo epítome fue el impune asesinato de Jorge Gaytán, pero Gabo es un poeta, en verdad quiso decir 100 años de MUERTE para un país que no digna a sus muertos ni tiene la memoría suficiente para no repetir una y otra vez la misma trágica historia.
Es claro que el problema de las Farc no es el único que tiene a Colombia sumida en el caos, también los paramilitares, supuestamente “desmovilizados”, los políticos y las bandas emergentes del narcotráfico aportan lo suyo en este carnaval donde la peor parte, como siempre, la lleva el pueblo.
Sin remontarme a la muerte de Gaitán y a lo que representó para el país hablo de la muerte de Galán hace casi 20 años y lo que significó para Colombia. Nuestro país es tristemente cíclico, dicen que el que no conoce su historia esta condenado a repetirla y los colombianos estamos atrapados en ese circulo vicioso donde el cambio está cada vez más lejos.
En cuanto a las Farc quiero decir que el país está cansado de que se burlen de él, en la zona de despeje, en 1999, se burlaron de Pastrana convirtiendo el área en una base del narcotráfico y el cese al fuego les sirvió para fortalecerse militarmente. Hay que recordar también que la zona de despeje terminó cuando las Farc rompieron abruptamente el acuerdo, secuestrando al congresista Jorge Eduardo Gechem, recientemente liberado tras 6 años. Entonces, ¿Cómo negociar con una guerrilla que se burla de todo un país? ¿Cómo combatirla cuando tiene como aliados a nuestros países vecinos? Este parece el destino manifiesto de mi país, caminar siempre con el fango hasta el cuello pisando despacio y de a poco, para no hundirse definitiva e irremediablemente.
PD: y el libro de García Márquez debería llamarse “100 de impunidad” para que fuera más acorde con lo que significa Colombia.
Otro cayó!!!. Adiós a Iván Ríos, miembro del Secretariado de las Farc.
Ya se arregló todo, ¿que habrá detras?