La película comenzaría dos horas más tarde de lo que yo había supuesto. No quedó otra que darme una vuelta por todas las librerías cercanas en busca de la novela Oil!, de Upton Sinclair, para darme una idea de lo que iba a ver. Sin embargo, dicha novela no se encontraba en vitrina; al menos, fue eso lo que dijeron los dependientes.

there

Debo reconocer que la película me impresionó mucho. Los primeros minutos de proyección, con esas imágenes Panavision de las llanuras más inhóspitas del oeste de Estados Unidos, que nos introducen al alma de Daniel Plainview (Daniel Day Lewis), un tipo que busca riqueza a como dé lugar, su única obsesión que se verá reflejada a lo largo de la historia. Al principio, en una mina, extrayendo plata y oro, sin importar llevar consigo una pierna rota hasta el puesto de venta para obtener dinero por lo conseguido. Es una de esas imágenes que no se borran de la mente, porque ahí demuestra su terquedad y sus deseos de obtener recursos para algo más grande. Y efectivamente, al paso de los años, vemos ahora que es un petrolero de éxito, sagaz, frío e inspirador.

Debo decir que el personaje que encarna Daniel Day Lewis me trajo a la memoria su caracterización del Carnicero Bill, en Pandillas de Nueva York (Martin Scorsese, 2002), los mismos aspavientos, el mismo rictus facial y ese desagradable “masticado de chicle” que pareciera estuviera comiendo charqui o sacándose la carne de entre los dientes. Tal vez, sin ánimos de contradecir los votos de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, este Oscar ganado en 2008 sea una reivindicación a aquella que por ley debió ganar. Pero lejos de eso, lejos de premios y coincidencias actorales, ha sido una de las mejores interpretaciones que he visto en los últimos años, comparable quizá a la de Javier Bardem en No country for old men, y de muchos otros.

Un personaje, algo caricaturesco, es el que interpreta Paul Dano, el predicador Eli Sunday. Una especie de contraparte espiritual pero que a la larga pierde terreno frente a la abusiva bestialidad de Plainview, quien al final de la película logra desintegrarlo moral y físicamente. Y pese a esa espiritualidad que maneja, muy en el fondo notamos que es un oportunista, valiéndose de sus artimañas de predicador, convence a la pequeña población de tener en sus manos una nueva iglesia para seguir en sus andanzas evangélicas, solicitando bonos, “ayuda” para su construcción. Pero quien sí resulta perturbador y a veces escalofriante, es el niño, H.W. Plainview, interpretado por Dillon Freasier, cuyo silencio en casi la totalidad de la película, se refleja en sus ojos, en su mirada, en sus gestos controlados. Un pequeño actor que dará que hablar más adelante.

¿Qué se puede decir de Paul Thomas Anderson? Ya lo demostró en Boggie Nigths o Magnolia, -y de esa otra con Adam Sandler, que no sé por qué razón no podré verla hasta ahora–. Su dirección en There Will…e s concisa, pausada, nos da tiempo para conocer a los personajes. La atmósfera es tan sofocante como la extracción de petróleo, que quizá nos quiere dar una alegoría a que toda riqueza, todo poder, siempre queda embarrado de su misma consecuencia. Y claro, el pago por todo ello es la soledad, como ocurre hoy en día. No hay nada peor para un hombre poderoso el no tener el amor de quienes comparten su vida.

Y ya es tiempo que P.T. Anderson consiga el reconocimiento de la industria. Quizá, en un par de años, estaremos viendo una foto suya, con sus dos Oscar en las manos, como mejor director y mejor guionista. Primero fueron los Coen… P.T. te esperamos.

Trailer

Comparte si te gustó:
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google Bookmarks
  • BarraPunto
  • Fark
  • Netvibes