publicidad

I’m not there: i. m., Heath Ledger

“Todo anda mal por aquí pero yo hago lo mejor que puedo”. Esta frase, la primera que le oí decir a Heath Ledger en el cine, suena ahora a algo más que a ironía. Hace más de dos meses, el actor australiano fue encontrado sin vida en su habitación. Lo rodeaba una marea concéntrica de [...]

Por bruno docampo

“Todo anda mal por aquí pero yo hago lo mejor que puedo”. Esta frase, la primera que le oí decir a Heath Ledger en el cine, suena ahora a algo más que a ironía. Hace más de dos meses, el actor australiano fue encontrado sin vida en su habitación. Lo rodeaba una marea concéntrica de pastillas.

heath

Podría excusarme diciendo algo así como: con bastante retraso escribo esta necrológica sobre uno de mis actores favoritos y bla bla bla. Pero en parte estaría mintiendo, primero porque Ledger no es, en sentido estricto, uno de mis actores favoritos; segundo porque esta no es, en sentido estricto, una necrológica. Es lo que le vengo diciendo desde hace algún tiempo a quién esté dispuesto a oír mis especulaciones medio monses sobre el cine: nos hace cómplices, nos acerca sin explicaciones, por azar o coincidencia, a personas desconocidas y, en algunos casos, imaginarias.

Complicidades, coincidencias, vínculos.

Confieso que luego de 10 cosas que odio de ti -la primera peli de Ledger que vi (en televisión local, cuando aún no tenía cable y me amanecía frente a la tele)- le perdí la pista al buen Heath. Hasta que lo volví a encontrar, como quien voltea la esquina, en esa apremiante y, paradójicamente, siempre aplazada declaración de amor firmada por Ledger y Jake Gyllenhaal que es Brokeback Mountain (Secreto en la montaña, en su versión en español).

Y vaya encuentro. Los vaqueros también lloran.

Quien haya visto la cinta de Ang Lee no dejará de reconocer que ella tiñe de melodrama -pero un melodrama refrenado, elusivo- esta historia de vaqueros homosexuales. Alguien podría decir que ése era el único modo de narrar tal historia. Y tiene razón: la película desarticula la aspereza del western, nos muestra que los rudos y tenaces hombres del Oeste -aquellos que esculpieron a pulso John Ford y Sam Peckinpah- están desarmados frente a las imprevistas circunstancias del amor. Tenga éste el nombre que tenga.

Ang Lee
erige, sutil y serenamente, el puente donde la masculinidad es entendida desde la otra orilla. O, bien sea dicho, desde el otro lado, desde el lado oculto de la montaña. El cineasta de origen asiático se solaza en filmar una historia con ritmo pausado, con una sinuosa economía narrativa (que no se condice con la economía audiovisual) para entregarnos una historia sobre la fragilidad de estos hombres rudos y sobre su amor imposible por la intolerancia y el miedo que domina sus vidas.

Quien haya visto a Ledger en el papel de Ennis del Mar no podrá menos que reconocer que dicha economía se sostiene en la excepcional capacidad del australiano para compenetrarse con su personaje y cargar sobre sus hombros gran parte de la película. Él también se esculpe a pulso. Basta verlo para comprender que Ledger termina por definir el estilo sigiloso y elusivo de la Brokeback Mountain, con su amor reprimido y tortuoso que él obliga a encerrar dentro de sí.

No obstante, todos los sentimientos contenidos, toda las palabras que no se dicen en escena, nos las entrega el gran Heath a través de cada uno de los movimientos que lleva cabo. El actor le otorga un gesto y un cuerpo -los de Ennis- a los estados de ánimo que lo agobian y acosan durante dos décadas. Por eso es que el amor en Brokeback Mountain es una suerte implosión que se atisba sólo a través de lo físico, no por la celebración del cuerpo, sino por la capacidad de transmitir sensaciones que éste tiene. Quizá por eso a Ledger se le comparó con Marlon Brando y De Niro.

Pero, vamos, toda comparación es odiosa. ¿Cierto?

Siempre he pensado que Brokeback Mountain era un antes y un después en su carrera. Excepto por su papel en Ned Kelly y sus apariciones en Monster’s Ball y I’m not there -donde encontramos fragmentos del mejor Ledger- el australiano tiene actuaciones correctas y hasta comunes para una estrella juvenil de Hollywood. El propio Ledger lo entendió así y ése fue uno de los orígenes de la obcecada depresión que lo persiguió durante el año pasado. A ello se añadió la separación de Michelle Williams, también actriz, pareja de Ledger por tres años y madre de su hija, Matilde.

Me preguntó si Heath nos hubiera ofrecido actuaciones brillantes como la de Brokeback Mountain en manos de directores talentosos. O lo que hubiera hecho de concretar su anhelado proyecto sobre Nick Drake. En I’m not there, la controvertida y (por cierto) conchuda película de Todd Haynes sobre Bob Dylan, se deja entrever otra vez la capacidad que tenía Ledger para sumergirse en sus personajes y transmitir sus desgarrados mundos interiores. Pero su actuación, como buena parte del film, se dispersa. Nos queda por ver entonces su trunca interpretación de El Guasón para saber qué si Ledger logra vencerse a sí mismo y reinventarse. Aunque eso ya no importe.

Me detengo en la palabra trunca y pienso que no he encontrado un adjetivo más adecuado. Se sabe que Heath tenía motivos para suicidarse. Y muchos. Sin embargo, resulta improductivo y hasta mórbido especular sobre su muerte. Hace unos días, unos amigos me hacían notar, entre cervezas, lo irónico que resultaba el papel de Ledger en I’m not there. Era como si hubiese interpretado su propia vida, me explicaban.

Puede que sea cierto.

Pero personalmente no lo creo. Y sabiendo que insinuar este tipo de similitudes tampoco tiene mucho sentido, creo que, como la gran mayoría, lo voy a recordar como Ennis del Mar. No porque haya sido la mejor actuación de su carrera sino porque no puedo dejar de sentirme como el propio Ennis cuando descubre su camisa alojada por dos décadas en la habitación de Jack. Esa camisa representa todo aquello que aparece como la gran promesa, como la eterna posibilidad de algo infinitamente bueno por venir pero que termina por interrumpirse e irse por la borda. Un poco así me he sentido desde la noche del 22 de enero, cuando supe que Heath Ledger, rodeado de pastillas y ya no de admiradoras, se había marchado antes de tiempo.

Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol:
y enseguida anochece.

Salvatore Quasimodo

Heath Ledger & Nick Drake: Black Eyed Dog

Tags: , , , , , , , , , ,

One Comment

  1. Carlos M. Alarcón added these pithy words on June 5, 2008 | Permalink

    Utilizas mal la palabra “trunca” en la interpretación de “Joker”, porque ya había terminado de filmarla cuando pasó a mejor vida. Trunco es no volver a tener en cartelera una interpretación suya. Sólo nos queda recordarlo como un buen actor. Y gracias a los DVD -piratas o legales- podemos disfrutar de ello. Ahora, a esperar nomás “Batman” y verlo como El Guasón en pantalla grande (tal vez con emoción o nostalgia) y convencernos, como se está colando por alguna página del ciberespacio, que es la más espeluznante caracterización que se haya visto en el cine. Jack Nicholson quedó chico.

2 Trackbacks

  1. [...] una semana cuando terminé de ver I’m not there de Todd Haynes quedé con más preguntas que respuestas. Yo pensé que sabía bastante de Bob [...]

  2. [...] en las pastillas, el reconocimiento tardío, la admiración de tantos otros -tipo Elliott Smith o Heath Ledger-. Al final la enumeración seguramente resultará ociosa, pero nadie me puede negar decir: ¿pero [...]

Deja un comentario

Tu mail nunca será publicado. Requieres llenar los campos marcados *

*
*


Etc.

You could put something here. Edit this in bottom.php.

Click

You could put an ad here. Edit this in bottom.php.

Tag Cloud