Como todos sabemos, el cine no solo es una fuente de entretenimiento, una ventana a otras culturas, o un arte que ilustre realidades mediante la ficción, sino también, un campo de propuestas para la reflexión sobre infinitos temas, y de no poca importancia y trascendencia.

Una película que se inscribe en esta línea es la famosa Todo sobre mi madre, realización del español Pedro Almodóvar, que le mereció el Oscar en el año 1999, y una buena lista de otros galardones. Pero no es necesario hacer el recuento de una película que la mayoría hemos visto, basta con recordar que se trata de un relato que podríamos describir como el encuentro de seres, mayormente femeninos, atormentados por impúdicos secretos, o las penas que guardan. Mujeres cuya interacción sirve para hacer visibles sus particulares dramas, configurando al fin y al cabo una muy sutil invitación a la más liberadora confesión, un necesario acto de sinceramiento que alcance niveles terapéuticos, y que viene sugerido desde el título de la película.
Manuela (Cecilia Roth) y su dolor, al no haber satisfecho el legítimo deseo de su hijo recién muerto, de saber quién es su padre. Un pesar del que ella trata de redimirse yendo al encuentro de éste último para contarle que cuando se fue de su lado hace dieciocho años, esperaba un hijo suyo, el recientemente fallecido. La hermana Rosa (Penélope Cruz) , estando desahuciada, ruega a Manuela que oculte su historia al hijo que está por alumbrar, fruto de su sacrílega relación. Finalmente, el drama de Huma por la adicción de Nina, su problemática pareja, y a la vez compañera de tablas en la representación que hacen de Un tranvía llamado deseo, obra teatral que pudo haber servido de inspiración al guión de la película, y cuya adosada referencia refuerza el tema que se plantea en la cinta, puesto que Blanche, el personaje principal de la obra de Tennessee Williams, es una mujer que esconde un pasado tenebroso que termina llevándola a la locura.

En suma, Todo sobre mi madre contiene tres historias que se desarrollan apuntando a resaltar el carácter tortuoso de determinadas suertes dignas de censura y/o autocensura, expresiones de supuestas debilidades humanas, conductas que son objeto de condena y de culpa bajo la sombra heredada de la tradición occidental y cristiana que nos cobija, rígida dictadora ideológica de reglas que resguardan una moral para ser y para vivir de una forma casi exclusiva, y que en esta película tienen una declarada contraparte en un personaje clave, que asume abierta y públicamente su condición, sin hacer mayor caso a las vicisitudes que le trae la misma. Se trata de un ser exorcizado de todo prejuicio, y por lo tanto, exento de toda angustia: Agrado (Antonia San Juan), quien prácticamente justifica en una escena su particular visión de la vida, sentenciando una concepción de autenticidad: “una es más auténtica mientras más se parece a lo que soñó ser”.
El caso es que la película orienta nuestra atención a la realidad, en la que aún existen autenticidades que mientras liberan interiormente a los sujetos que las alcanzan, son objeto de condena por la moral establecida, no encontrando lugar por ejemplo en planes divinos (no olvidemos el rol de religiosa de la hermana Rosa, y la actitud crítica de Almodóvar hacia la iglesia católica en otras películas), propiciando su ocultamiento ante los demás, y generando conmovedores dramas reales. Todo ello, no obstante tantos progresos, como el de la paulatina secularización por el que ha transitado y transita el ser humano desde hace siglos.
Como sabemos, hay hitos importantes que han marcado o afianzado este último proceso que mencionamos, como la ilustración y su defensa de la razón como criterio de conducción de las personas y los pueblos; el feminismo, con su origen en las marchas de mujeres inglesas reclamando su derecho al orgasmo, sufriendo a la par la brutal represión victoriana; las investigaciones de Margaret Mead, que no solo sirven para fundamentar científicamente el feminismo, sino que además descubren la ausencia de neurosis en aisladas culturas con plena libertad sexual; los movimientos de liberación sexual en los rebeldes años sesentas; o los actuales movimientos de defensa de los homosexuales; o el nivel de conciencia alcanzado acerca de la importancia del concepto de dignidad humana, que se expresa en documentos de valor universal como Los Derechos Humanos. Son eventos que abogan por una liberación que la película también parece reclamar, y que aún encuentran notables resistencias. La sola realización y éxito de Todo sobre mi madre, es una pequeña expresión de ello.
Se plantea pues a las sociedades del mundo occidental, y las que están bajo su influencia cultural como sociedades neuróticas, pues en ellas perviven dos morales en permanente conflicto: la plena práctica de un ideal de libertad, que muchas veces colisiona con parámetros y prejuicios no necesariamente de origen religioso, que por ejemplo tienen su expresión en grupos homofóbicos neo nazis, en la intransigencia de la iglesia para con el matrimonio de sus clérigos, hasta el simple y cotidiano “qué dirán” de las personas. Y es que pareciera que la modernidad ha alcanzado a un buen número de legislaciones, pero aun le falta un largo camino para colonizar más mentalidades y corazones.
Sin embargo, es preciso anotar que es la propia Biblia la que consigna una célebre expresión cuyo análisis contextual podría servir para establecer nuevos canales de entendimiento, y que apunta en la dirección del clamor de la película: “La verdad te hará libre”, Juan, 8: 31 - 59. La discusión está planteada.
Trailer
Tags: antonia san juan, cecilia roth, cine español, cine europeo, manuela, Margaret Mead, pedro almodovar, películas, penelope cruz, tennesse williams, todo sobre mi madre, un tranvia llamado deseo


WHAT TO DO NOW?