Ahora que Beto Ortiz se fue y que ya no hay motivo para comprar el Perú21 del domingo tempranito, no hay mejor noticia que encontrar una columna, esperemos que sea periódica, de Jaime Bedoya.
La noticia llega gracias a Terra Magazine, aquella sección del portal latinoamericano que reúne a diversos escritores y periodistas de la región. Los representantes peruanos son Beto Ortiz (Maldita ternura) y ahora Jaime Bedoya (Mal menor, Kilómetro cero).
Para quien espera los jueves para leer Caretas en la casa del tío o que relee, una y otra vez, Mal menor, aquel libro que hasta la fecha puedes encontrar en Wong a 12 soles, el hallazgo es casi un bálsamo.
Sobre todo para mí, que andaba terminando una crónica sobre mi última y primera visita al balneario de moda. Después de leer a Bedoya mejor les ahorro el disgusto y los dejo con su columna, titulada: Asia, balneario de moda en Perú: el refugio burgués.
Aquí algunas frases:
El distrito de Asia, Provincia del Cañete, departamento de Lima, a la altura donde el asfalto de la Panamericana Sur marca el kilómetro 100, le debe su nombre a que a principios del 1900 se establecieran en sus tierras cooliés chinos. Estos habían llegado desde el otro lado del mundo para hacer el trabajo sucio de la Compañía Nacional del Guano: recoger caca de pájaro. El siglo avanzó, el guano volvió a ser lo que siempre había sido, y Asia quedó como surreal toponímico de un pueblo pequeño frente a una agreste y nada hospitalaria franja de playa cagada. A ella solo llegaban campamentistas u ornitólogos en busca de la rara belleza de las aves guaneras.
Violentamente se empezó a convertir en sinónimo de exclusividad, exclusión, y en referencial vitrina social de verano de una burguesía intimidada e inhibida durante años por el terrorismo. Las urbanizaciones brotaban como hongos, compitiendo en estricta reglamentación interna que normaba la sana competencia entre signos exteriores de riqueza. Paralelamente aseguraba la meridana claridad de las jerarquías entre los veraneantes y su servicio doméstico. En Asia reinaba el orden que Lima había perdido. Eso sucedía hace ocho años.
Tres podrían ser los rasgos distintivos , casi clínicos, que han hecho de un balneario de playa un tema de ensayo y debate sociológico en el Perú: los reglamentos internos de sus urbanizaciones, la espectaculariad de sus casas y su neurótica vida social.
La vida social de Asia la vida social de Lima, corregida y aumentada. Los más de cien locales que pueblan ahora las inmediaciones del original Sur Plaza Bouleveard ofrecen altertanivas de ocio y consumo que van desde un sushi hasta multicines, autoservicios, academias de nivelación de matemáticas, y tiendas por departamento. Un Centro Cultural propio ha convocado al mismo Mario Vargas Llosa, que ya el verano pasado presentó ahí su espectáculo teatral, valga la connotación, La verdad de las mentiras. Un caso de ascenso social asiático podría ser el de la espectacular Tilsa Lozano que de presentarse en sociedad en el 2000 como meritoria bartender de la discoteca Pachá de Asia, fue elegida en el 2007 la Chica Playboy Perú. El residente de Asia sabe que ir de compras descalzo es cool, su mini rebelión podal contra el sistema, pero debe tener los músculos faciales hipertrofiados a punta de a sonreir para los fotógrafos sociales cada fin de semana.
Aquí el vínculo para leer toda la crónica.
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