Abrecaminos de El Otro Yo: himno generacional

El otro yo es de esas bandas que muchos pueden identificar con una particular etapa de la vida y Abrecaminos es el disco ejemplar al respecto. Como buenos fanáticos del punk atravesado por la música alternativa de los 90, sus canciones se radicalizan sobre los tópicos tan característicos que pueden deleitarte en la adolescencia, pero [...]



otras tardes

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El otro yo es de esas bandas que muchos pueden identificar con una particular etapa de la vida y Abrecaminos es el disco ejemplar al respecto. Como buenos fanáticos del punk atravesado por la música alternativa de los 90, sus canciones se radicalizan sobre los tópicos tan característicos que pueden deleitarte en la adolescencia, pero que casi siempre tienen que sufrir el tamiz de las radios. De eso tratan sus canciones que una a una se oyencomo manifiestos de nuestro primer despertar al pensamiento y las experiencias que lo nutren. 

La banda argentina de los hermanos Aldana a hecho de ese viaje de eterna anarquía su insignia aunque resulte también bastante ecléctica. Eso da cuenta nuestra particular percepción latinoamericana de aquel boom rebelde de otros lares. Pasión no le falta a su fusión que por momentos se acerca bastante al pop (la verdadera música adolescente) y gusto por lo clásico, especialmente cuando canta María Fernanda. Es así como en el rock del El otro yo pervive una extraña amalgama que fácilmente puede encender las opiniones de los más radicales amantes de los riffs hasta los más bullangueros fans preuniversitarios. Esto se hace más ostensible desde este disco que fue el primero en el que incluyeron samplers y demás efectos electrónicos.

Esa imposibilidad de medias tintas en aquel momento crucial de tu vida se deja oír en alguna frase emblemática como en No me importa morir, acaso la sentencia que define a la perfección a esta “edad terrible”. Se desatan en medio de pegajosas tonadas todas las incontenibles furias y arrebatos por “las cosas que no quieres ser y no eres” , o porque “diez millones de veces pediste que no te traicionaran”, o porque llegaste a la conclusión que “aunque el mundo no está hecho para ti, viene una ola que nos tapa a todos”. Abrecaminos es un disco que puede escapar a nuestra calificación adulta. Así le endilguemos a EOY que a veces se oye como la versión naif de sus bandas influyentes (lo de la tan promocionada anécdota con Nirvana pasa, pero lo de compararlos con Sonic Youth es demasiado, por más que conozcan a Lee Ranaldo), o que por momentos resultan algo contradictorios coqueteando con sonidos más comerciales.

Abrecaminos es un disco que conversa con nuestra juventud, con nuestro espíritu atolondrado pero vital. Recordando ese delicioso lenguaje podemos hallar el placer en las tonadas pop que interpreta la irresistible voz de María en Filadelfia, Microcosmos o la evocativa Violet uno de los mejores y más desconcertantes cortes del disco. Pero también en el más puro y revoltoso placer de la anarquía y los saltos agitando la cabeza junto con Christian en canciones como: La ola, o 10,000,000. Aunque hay que destacar a la emblemática La música, la canción que probablemente nos conecta directamente con ese sentimiento todavía firme de gritar “la música que escuchan todos yo no la escucho”. Nuestra sonrisa sincera le concede razón a esta proclamación temprana y nos hace sentir como hermanos a los de Temperley, aún capaces de hacernos sentir como en una lucha de la que estamos orgullosos de continuar así pasen las estaciones y sus posibles decepciones. Al fin y al cabo este no resulta ser solo un disco para chiquillos, si se le presta atención.

La música





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