Ponte tus zapatos para bailar electro-pop como un robot de 1984 y espera que el sol vaya a ponerse porque esta noche habrá algo de rock
Al rock le sienta bien, hasta cierto punto, alimentarse de sí mismo al infinito. Tal vez esté muerto como proclaman por ahí. Estas dos premisas vienen a lugar cuando los afilados riffs y la base de Artic Monkeys suenan en nuestros oídos. Uno se pregunta: ¿A qué grupo suena esto? Y la respuesta es inmediata: a muchos y al mismo tiempo a ninguno.
La última (tal vez no tan última) sensación que viene desde UK, es un cuarteto de imberbes, que según cuenta le leyenda en la web, comenzaron promocionando su música regalándola por Internet y tocando en cuanto bar que les diera cabida, empezando en su natal Sheffield. Entonces, oh milagro, (como en toda historia de rock band destinada al estrellato) fueron fichados por Domino, y según se dice al principio no querían fichar con grandes discográficas. Pero todo esto es irrelevante, si uno quiere más información puede entrar a la página web del grupo o a Wikipedia, la vía preferida de los Mokeys para su promoción.
El punto es la música que destilan: la percusión rítmica del bajo, los baquetazos incesantes a medio camino entre el jazz y el rock, las descargas de distortion cortadas por navajazos de big muff en un duelo de guitarras. Y lo más increíble es que todo eso puede sonar bailable, rítmico y al mismo tiempo agresivo. Pueden pasar de agresivos acordes a melodías edulcoradas. El cambio de estados de ánimo es desconcertante la primera vez que se los oye. Luego ya uno se puede acostumbrar y disfrutar de las letras, cantadas con acento británico, o leídas con desgano, contando su filosofía de la calle o irónicos puntos de vista realista de su entorno.
Fluorescent Adolescent
Los Monos Árticos, como lo declaran, comenzaron ensayando covers de grupos como Oasis, White Stripes, Stone Roses. Les creemos. Les han robado lo mejor y han aportado de su cosecha propia las bases rítmicas del mejor electropop. Lo prueban en sus primeras entregas: un puñado de EP´s y un álbum (Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not) donde, a pesar de repetir la fórmula consiguen asombrar con su mejunje de factura personal: amalgamar rock guitarrero y pop chicloso. La segunda entrega (Favourite Worst Nightmare) es más variada pero parece que están privilegiando la melodía a los arranques guitarreros, para algunos es una prueba que su música es cartón-piedra que no arde, pero hay que esperar, quizá la siguiente grabación termine por convencer a los más duros escépticos.
Sí, quizá la originalidad no sea el fuerte de los Monos Árticos, quizá tampoco el elemento sorpresa o el virtuosismo. Pero qué importa eso si se puede escuchar buen rock para mover el cuerpo o identificar en cada acorde referencias al mejor rock, ese que sólo consiste en dejarse llevar por el instinto y sacar acordes crudos y distorsionados, gritos descarados o melodías inspiradas. Han conseguido lo impensable: reducir, el punk, el indie, el pop, el funk, el rithym&blues, etc. a una sola canción. Comprobar esto en sus temazos: Brianstorm, When the sun goes down o Dancing shoes.
Tal vez la mejor prueba que el rock ha muerto sea este cuarteto inglés. Ellos, que impresionan por su juventud y los extremos a los que llevan su sonido añejo y moderno, son el vivo retrato que en el rock ya todo está inventado y la clave para sonar bien es actitud, actitud de sonar diferente. Definitivamente, no importa quién carajo sean los Artic Monkeys, su música es el mejor réquiem que se merece el rock, como para bailar sobre la pista de baile.
I Bet You Look Good On The Dancefloor




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