Y hasta que por fin este 14 de abril saldrá a la venta el tan esperado disco de Portishead. Se trata de Third -que como lo remarca el título- es la tercera entrega de los de Bristol en casi 15 años de carrera. Con este disco el grupo británico pone fin a diez años de silencio, a rumores de discos no-oficiales, de presentaciones en vivo antológicas y de bromas, de la misma banda, anunciando en su Myspace que iban a borrar todo lo grabado por considerarlo una mierda.
Algunos dicen que la broma tuvo algo de cierto y que Third es el más oscuro, denso y difícil disco de la banda. Otros, sin embargo, no dudan en elegirlo como el mejor del año, sin necesidad de esperar hasta diciembre.
Y la verdad es que el disco tiene de todo, los puristas no han perdido la oportunidad de extrañarse con el sonido del nuevo disco. Pero cómo le podemos pedir a alguien que sea el mismo de hace diez años. Tarea difícil para los que siguen cantando Sour Times o Glory Box aceptar este disco a la primera escucha. No existe el single ni el tema símbolo, aquí todo funciona como el mejor resumen de todo este tiempo.
Cualquiera podría confundirse escuchando otras vez la voz de Beth, pero a medida que avanza uno nota que Portishead dejó de ser ya hace un tiempo aquella banda representativa del trip hop. Es más, ahora lo suyo no hace más que complicar a los críticos que gustan de las clasificaciones. Lo de Portishead sigue siendo aquello de la generación de atmósferas oscuras acompañadas de la voz de Beth, pero ahora también son secuencias, loops, ruido, baterías programadas y hasta folk, como en la canción Deep Water.
Existen pocos grupos con tan buenos primeros discos como Portishead. Quizá lo que supuso el Dummy ahora suene inalcanzable, pero para nosotros que pensábamos no escuchar un disco más de Portishead este tercero es una buenísima noticia. Y si a la tercera no es la vencida, por qué no a la siguiente. Eso sí, no se hagan esperar tanto.
Mi favorita de ahora: Hunter
Hunter
Machine gun
Dato extra:
Buscando en la web me di con una entrevista a Geoff Barrow en la que confiesa que estas canciones lo han hecho recuperar el amor por la música. Aquella excitación que sentí la primera vez que escuché a Can en la radio y salí corriendo por una cinta de casete para grabar aquella cosa tan rara y maravillosa. Ahora, en cambio, escuchas la radio y te dan ganas de salir corriendo de la habitación.
Sobre los diez años de separación, su segundo disco, y el largo silencio:
A pesar de lo lejos que estabamos, la banda seguía viva. Sabíamos que algún día llegaría el momento de volver a grabar y que todo sería difícil como siempre, pero que funcionaría. En esta banda todo es muy jodido. Somos insoportablemente perfeccionistas. Hasta lo insoportable.
Creamos un monstruo, tal vez sí. Ese monstruo nos persigue hasta hoy. Mira, en el segundo disco traté de eliminar todos los elementos de hip-hop de nuestra música. Fue una grabación horrorosa, dramática, triste. Nos habíamos convertido en una banda para yuppies. Aquel disco fue una venganza, pero una venganza tan jodida de consumar que me dejó exhausto, odiando la música. La verdad es que no había mucho en común entre nosotros y Tricky o Massive Attack, pero nos pusieron la etiqueta. Nos dijeron que lo habíamos inventado. Tuve que huir.
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