Hace una semana cuando terminé de ver I’m not there de Todd Haynes quedé con más preguntas que respuestas. Yo pensé que sabÃa bastante de Bob Dylan, pero la pelÃcula me descubrió como un principiante en el tema. Lo primero que se me ocurrió fue que el biopic estaba mal planteado, que era disperso y sólo apto para fanáticos, algo que creo incluso ahora. EntendÃa la importancia de Woody Guthrie, la referencia a Arthur Rimbaud, incluso la de Billy the Kid, interpretado por Richard Gere (¿?), pero aún asà hubo largos perÃodos de perdida.
Asà que decidà leer de una vez la traducción de Down The Highway: The Life of Bob Dylan (2001) de Howard Sounes. Siempre he desconfiado de las biografÃas de músicos. Primero porque casi todas son hechas por fanáticos que no pueden disociar la admiración del mismo texto. Segundo, porque las biografÃas -salvo honrosas excepciones- a veces se confunden con aburridas enumeraciones de datos detallados cronológicamente.
Howard Sounes no es ni uno de lo otro, más allá de que entrevistó a más de 250 personas para el libro. El autor nos entrega una biografÃa entretenida que se detiene en cada instante de la vida de Bob Dylan, como si aquel instante fuera indispensable para explicar toda su trayectoria. Los datos, para los fans, seguro sonaran a tonada conocida, pero para alguien como yo resultan esclarecedores.
En el libro Dylan es presentando casi como una fantasma predestinado, que transcurre en el camino -el autor nos descubre al músico como lector de Kerouac y de todos los beatniks de la época- como si ya supiera lo que le espera. Sus muestras de altanerÃa de niñez y adolescencia no son más que la confirmación de su destino. Las relaciones que establece con las mujeres parecen dibujar lo que serÃa su vida amorosa y lo que hizo los primeros meses en New York, el Greenwich Village, es el sueño cumplido de aquel niño de Minessota conocido como Robert Allen Zimmerman. Después vino el contrato de John Hammond para CBS, su primer LP, los elogios del The New York Times y la constante construcción del mito.
La biografÃa nos descubre a varios Dylan, como la pelÃcula. A veces cÃnico, otras maldito, admirador de las motos, de James Dean y de su prédica. También aparece el comprometido, el cantante folk admirado. El eterno dojuan sacavueltero. El artista plagero y también celoso. El oscuro estudiante experimentando con las drogas, el eterno imsomne disparatado, el alchólico sin remedio. El judas del folk. Cantando para el papa Juan Pablo II. El rockero otra vez cÃnico. El solitario genio, pero también el viejo gregario de los últimos tiempos. Varios pedacitos de Dylan van uno a uno conformando aquel mosaico del más grande, del padre de toda la música que me ahora me gusta.
Knockin’ On Heavens Door (con Cash, Harrisson, Petty, Young, Clapton, Wood…)





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