Sigmundo Salvatrio es enviado a la Exposición Universal de París para llevar un mensaje que cambiará, para siempre, la visión romántica de los mejores detectives del mundo sobre su profesión.
Estamos en París ante la llegada inminente del siglo XX, el positivismo amenaza acabar con los vestigios de los ideales románticos. Los doce detectives privados más famosos del mundo se han reunido, por primera vez todos juntos, para exponer sus métodos, sus artes. Pero alguien ha planeado también exponer crímenes, en medio de los escaparates repletos de lupas y papeles en blancos. Entonces los detectives y sus fieles ayudantes se enfrentarán a un asesino en serie que les plantea un enigma. Un enigma que les hará cuestionar su existencia.
Esto es de forma general el argumento de la novela “El enigma de París” de Pablo de Santis. No se puede detallar más sin arruinar la sorpresa que entraña su lectura. Una novela llena de virtudes que le hicieron merecedora del premio Planeta-Casa de América 2007. En esta novela, De Santis consigue reunir en una sola trama a doce caracteres que son resumen y estereotipo de los detectives privados que han poblado la literatura universal, que van desde el Dupin de Poe hasta el Maigret de Simenon, si la licencia me lo permite, pues ellos están en el límite de ser cerebrales Holmes o violentos Spades.
La novela plantea el dilema de la adaptación o la conservación de la actitud para enfrentar el cambio de los tiempos, del paso de los crímenes de “habitación cerrada” a los asesinatos en serie. ¿Ellos permanecerán en sus ideales románticos o cederán al impulso de los nuevos tiempos? La respuesta la encontrará el lector en las páginas de la novela. Sin embargo una pista se les puede dar (sin temor a arruinarle el placer de la lectura): ese cambio no será gratuito, será un símbolo de maduración, un paso de la inocencia a la madurez, de un mundo ideal a la ruda realidad.
No por algo la novela es, en cierta forma la historia del joven Salvatrio, ayudante de Renato Craig, el fundador de los doce (sospechosamente argentino), quien comienza como un estudiante en la academia de Craig y termina ayudando a los mejores del mundo a desentrañar el misterio. Es así que la novela se puede leer como una de aprendizaje.
Entre las muchas aristas que brinda el libro, se pueden desprender otras lecturas: compendio de historias policiales, novela de misterio, novela histórica, novela psicológica. El autor ha conseguido una mezcla eficiente. Tiene la maestría de los diálogos ligeros y densos, que dan la información adecuada en el menor espacio posible, virtud que se nota herederas de los cómics (De Santis colaboró por años en este tipo de publicaciones como guionista). Hay un manejo del ritmo que lo acerca a los mejores textos de Conan Doyle, los razonamientos de Poe, la acción de Hammett, la aventura de LeBlanc. Y también tiene la estructura de novelas de estos tiempos, que siendo un poco extremista, se le puede decir que posee una sensibilidad posmoderna: los capítulos duran apenas dos o tres páginas y no hay espacio para las descripciones ampulosas o la pirotecnia del lenguaje; todo cumple una función destinada a acrecentar el impacto del desenlace final.
Pero tanta belleza no puede ser cierta y la misma virtud que parece ayudarla a fluir, es su peor defecto. Si rescata del comic el efecto de la representación verosímil de lugares ficticios, y los diálogos potencian la acción física y la sorpresa, son esos mismos diálogos sentenciosos, rayando en la reiteración de lo obvio, lo que se la opaca. Por ejemplo, en algún momento se habla que la luz eléctrica nos era vacilante, ni amarilla, ni produce sombras, o que la oscuridad es el color de la corrupción, o que cuando uno está más lúcido está más cerca de la locura, o que el secreto es algo susurrado. ¿Se puede olvidar este tipo de sentencias reiterativas? Para no arruinar la lectura se les puede dejar de lado, pero siempre son una molestia.
Salvando este percance la novela entretiene. Lleva el sello del best-seller por donde se le mire. No defrauda sin duda. Pero no esperar más de lo que ofrece, y una recomendación final para los lectores del género policial, aquellos avezados que se han atrevido a hurgar en textos oscuros y complejo: si ya descubriste al criminal por al mitad, disfruta de la ambientación y la interacción de tan excéntricos caracteres, pues es una novela de aventura y de misterio, y hay tantas grandes historias en tan poco espacio, como para no creerlo.









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