El chavo del ocho: nuestra educación sentimental

Hubo una vez en un barrio de caricatura, un personaje que se adueñó de la atención de grandes y chicos. Apareció un día por una vecindad y ahí se quedó para siempre. Decía vivir en el número 8 pero solo lo veíamos entrar y salir de un barril. A trompicones y con pelotas o latas [...]

Hubo una vez en un barrio de caricatura, un personaje que se adueñó de la atención de grandes y chicos. Apareció un día por una vecindad y ahí se quedó para siempre. Decía vivir en el número 8 pero solo lo veíamos entrar y salir de un barril. A trompicones y con pelotas o latas hacía su presentación personal y la de su linda residencia, humilde pero acogedora. Nada más, al niño de la gorra de cuadros y sus amigos no les hacía falta nada más para entretener. Su show tenía una apariencia burda que era ingeniosamente compensada por una serie de recursos que ya desearían muchos dramaturgos actuales. Eran parte del repertorio que en el camino se fue inventando Roberto Gómez Bolaños, el chaparrito gestor de esas tardes televisivas que en cierta medida reivindicaron el cada vez más alicaído panorama de la comedia mexicana íntimamente asociado con la decadencia de su cine como manifestación más importante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todavía en algunas películas de humor de los años 60 podemos encontrar fugaces apariciones de Roberto antes de ser el reconocido Chespirito o el archipopular Chavo o Chapulín colorado. Es de resaltar como ante los espectadores se fue armando, casi por magia, ese inolvidable equipo que estrenó la vecindad de utilería allá por 1971.

En esos primeros episodios podemos ver todavía la idea en bruto, golpes que no son tan de mentira y modismos ininteligibles en algunos casos. En medio de ellos, fue perfilándose y creciendo la familia que en sus pilotos solo dejaban ver a la pecosa Chilindrina como compañera de juegos y a su papito Don Ramón como víctima de ellos. Ambos tuvieron que mudarse pronto al departamento de enfrente ante la llegada de Doña Florinda y su engreído Quico quien siempre diluía la pintura de las paredes con su llanto. Quien se digne a ver cronológicamente la evolución del programa podrá apreciar claramente como casi jugando se fue dando forma al espectáculo característico de media hora que permanecería por el resto de la década.


Primer capítulo del Chavo del Ocho

El Chavo del Ocho era un digno representante de aquel molde de comedia popular sostenida en base a un personaje pintoresco que dislocaba el mundo a su paso. A falta de Cantinflas o Tin Tan, Chespirito le otorgó nuevas estratagemas a esa tradición. El formato televisivo varió en lucimiento casi solitario en beneficio de un trabajo actoral en conjunto que era al parecer el idóneo para que el creador desarrollara su faceta de libretista a la cual siempre estuvo más proclive.

Así aparecieron también el profesor Jirafales siempre afanoso por ilustrar a todos aún a costa de su propio ridículo; la bruja del 71, eterna enamorada del papá de la chilindrina quien la miraba llegar como si fuera algún zombie de película o que provocaba al Chavo sus recordadas garroteras; el señor Barriga pasando apuros para intentar cobrarle la renta a Don Ramón y por supuesto Ñoño, su hijo y vivo reflejo. De ahí que no podamos distinguir donde terminaban las gracias preconcebidas en el papel y las que añadían los propios interpretes. Eso fue algo que a la larga parece ser el detonante del conflicto que canceló de a pocos la magia y el compañerismo. En los últimos años, los sobrevivientes de esta revoltosa pandilla se ha hecho notar más por los constantes conflictos y disputas legales y personales a despecho de una reunión de confraternidad hace unos años.

Pero nada de ello puede en contra de las alegrías de la niñez o alguna que otra actual que nos damos al volver a tener en frente la fachada de la vecindad acompañada de un melodía beethoviana deformada hasta lo inimaginable. Por ahí se paseaba el Chavo recitando sus conocidas frases: ¡Eso, eso, eso, eso…!; ¡Bueno pero no se enoje!; Es que no me tienen paciencia; ¡Se me chispoteó!; Zas, zas, zas!; o ¡Hora si te tocó el ocho! cuando perseguía a Quico con la Chilindrina o Ñoño en medio.

Toma tanto como la vida ponerse a pensar en uno solo de los episodios que consideremos el mejor, el más divertido o el más entrañable. Don Ramón vendiendo churros, el Chavo y sus insectos que pasan por pop corn, la Chilindrina con viruela, los incontables suplicios educativos del profesor Jirafales en la escuela, la llegada de Paty y su tía, las clases de guitarra el Chavo y Quico, la fiesta de la buena vecindad, la declaración de amor de Don Ramón al profesor, el juicio al Chavo, la visita a casa de la bruja, el aplastón del señor Barriga a Don Ramón, los tronadores, el día de navidad, Don Ramón creyéndose moribundo, o aquel episodio perdido en el que la bruja se casa con su roro.


La boda de Don Ramón con la Bruja del 71

Tal vez al final siempre llegamos a la misma conclusión: el Chavo en Acapulco. No solo porque sea el más extravagante (si es que eso cabía), sino porque también jugaba un poco con la nostalgia que estaríamos próximos a experimentar los que crecimos con sus disparates. Un episodio que concluía para nada entre payasadas, sino en negro, en un atardecer y una canción que ahora de seguro haría sonreír a más de uno, háganlo. Al chavito no le molestaría.


El chavo en Acapulco (Final)

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4 Comments

  1. Edgar added these pithy words on April 28, 2008 | Permalink

    Saben donde y cuando se va a presenatr Chespirito en LIma?

  2. jorge esponda added these pithy words on April 28, 2008 | Permalink

    Edgar, segúnlas informaciones que se tienen, Chespirito estará llegando en julio para presentar su popularísima obra teatral “11 y 12″. El escenario será el auditorio del colegio San Agustín y al parecer desde al 7 al 20 de ese mes. Oportunidad imperdible para verlo.

    Saludos!!

  3. Reflexion Ando added these pithy words on August 21, 2008 | Permalink

    La verdad es que el programa del Chavo si tiene un lado negativo
    http://www.autorneto.com/Recreación/TV/Se-me-chispoteó-el-lado-oscuro-del-Chavo.219245

    Si estudiamos nuestra niñez tal vez comprendamos mejor nuestra realidad

  4. Jorge Esponda added these pithy words on August 23, 2008 | Permalink

    Interesante punto de vista aunque sea algo con lo cual este programa a convivido desde siempre. Recuerdo que siempre tenía a mi lado a quienes descalificaban al Chavo por fomentar la mala educación en los niños.

    Pero recordemos que a pesar de todo este nunca fue un programa propio para niños, o mejor dicho nunca fue un programa que se adecuó “precisamente” a los estándares de lo que se conoce con el título de “entretenimiento familiar”.

    Si nos vamos por ese lado, caeremos en cuenta que muchos de los mejores programas, o películas, o piezas teatrales no lo son. Si se trata de descalificar a determinada expresión por su lado “incorrecto”, terminaremos coronando como obras de arte a varias de las peores ñoñezes de la maquinaria “bien intencionada” de la Disney, cosa que me niego a hacer rotundamente.

    Lo cierto es que con violencia y cierto humor grueso, El Chavo del 8 fue un show entrañable, pícaro y lleno de una especial malicia. Todos ellos elementos inherentes a la propia niñez, aunuqe algunos no lo quieran reconocer.

    La reflexión de tu artículo es acertada pero solo hasta cierto punto, pues se limita a ver un solo aspecto del tema.

    Saludos

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