La venganza de los nerds: la gran esperanza freak

El cine de los años 80 fue pródigo en aventuras juveniles en las que siempre imperaba la despreocupación, y los descubrimientos de los placeres y las responsabilidades de la vida adulta que los esperaba. Muchas películas hasta se imaginaron tal escenario invadido por las intrigas más extravagantes que podían convocar parafernalias futuristas, personajes de leyenda, [...]

El cine de los años 80 fue pródigo en aventuras juveniles en las que siempre imperaba la despreocupación, y los descubrimientos de los placeres y las responsabilidades de la vida adulta que los esperaba. Muchas películas hasta se imaginaron tal escenario invadido por las intrigas más extravagantes que podían convocar parafernalias futuristas, personajes de leyenda, o sencillamente la experimentación de la crisis de esa edad en medio de aventuras y persecuciones al puro estilo policial. Eran acaso parte de ese imaginario del comic y la televisión que nutría a los chicos de la época y a los de aquellas películas que aún se proyectaban en el dulce ejercicio de fantasear.

Tal vez la obra maestra de estas teen movies de la era Reagan sea Ferris Bueller’s Day Off, una película que jugaba con ingenio y sin desparpajo a dictar singular cátedra sobre los tópicos y mecanismos de la vertiente cinematográfica. La venganza de los nerds forma parte de ese universo ecléctico y desenfadado, pero atravesado por el humor picaresco de los episodios estudiantiles de Animal House y Porky’s. Es el puro disfrute de la chacota americana en su máxima expresión, que a diferencia de las anteriores se torna puntillosa en un tema no muy claro hasta ese momento, pero de vida o muerte en esa etapa.

Desde pequeños parece que vamos creando las trincheras y castas que los tiempos académicos se encargan de institucionalizar. De ese enfrentamiento oficial se encarga la película, de la guerra entre los jocks y los nerds. Todos ellos admitidos en este simulacro de nación y de comedia de matinee con no pocas ínfulas pro liberales. Ahí es donde encontramos a Gilbert y Lewis, dos novatos que asumen el rol de muestrarios andantes de todos los clichés del típico estudiante aplicado, geek y torpe a más no poder. Junto a su pandilla se encontrarán a sí mismos en la primera conflagración política de sus vidas, como la minoría de una suerte de república de líderes abusivos y sectarios.

Los Alpha Beta, son el prototipo straight que brinda saludos, triunfos y honores, y por supuesto goza de los privilegios de su arrollador paso, aplastando o desplazando al resto que no tiene ni voz ni voto. A esta comedia dirigida por un tal Jeff Kanew se le puede criticar su estilo ramplón y grueso pero para nada falto de pretensiones. Es como en medio de una sociedad cada vez más arribista y descalificadora, se le ocurre crear toda una manifestación contestataria y que mejor lugar para ello que un campus universitario. Ahí es donde vemos a este par de héroes de la democracia y el resto del partido que incluyen al sucio Booger, al gay Lamar, al desorbitado Poindexter, al freak Takashi o a Wormser (una profética versión de Bill Gates en la pubertad). La conjunción perfecta de la más indeseada descendencia de la humanidad.


Fiesta

Todos esos deliciosos nerds de diversos pelaje y características se convertirán en protagonistas de una serie de episodios en los que nuestros descreídos sentidos atentos al buen gusto, se dejan seducir por su extravagante plan de venganza. Cada payasada la miramos ahora como parte de esos entretenimientos madre de las actuales y repetitivas alharacas que no hacen sino alejarte cada vez más del cine del mainstream, pero aún así podemos repasarla más de una vez como un placer culposo cantado a mucho orgullo. Como no recordar acaso esa total irreverencia a la moral gringa que fue la final admisión de estos inadaptados por parte de una fraternidad negra llamada Lamda, Lamda, Lamda. O aquella intromisión en el palacio de las Pi (más revancha ante los bravucones, fue más sentida la revancha contra el desdén femenino). Por supuesto el corolario de todo está en esa suerte de competencia electoral con himno electrónico y extraño show en el cual la diversidad se reviste con las banderas y trajes de las referencias a Elvis, Michael Jackson, y hasta The Village People.

Juntos todos terminan con una versión solemne de We’re the Champions como festejo no tanto ya de una venganza sino de una reivindicación consumada. La gracia tuvo una secuela en el cine y dos televisivas, ninguna de ellas repitió el suceso ni de lejos. ¿Qué poderosa alquimia hizo el milagro? No lo sabremos, pero al menos por una ocasión los “raros” se dieron el lujo de su film juvenil, uno con el placer del romance, la diversión y algún que otro accesorio crematorio para darse ánimo. No olvidemos que ante todo son unos buenos chicos. Tal vez la democracia caminaría mejor con este partido.


Rap

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2 Comments

  1. Enrike Brujo added these pithy words on May 2, 2008 | Permalink

    Siempre pensé que las comedias se acabaron cuando dejaron de existir las de facultades o colegios gringos, (Dorm Daze de National Lampoon regresó un poco al glorioso género), ahora todo es “comedia romántica” , género que se contradice y la verdad de comedia no tiene nada.
    Todos extrañamos a los nerds, a Porky o a John Bluto Blutarski.

    Saludos !!!

  2. jorge esponda added these pithy words on May 5, 2008 | Permalink

    Y a toda la mancha de The Breakfast Club tmb!!

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