Lima: la ciudad a plazos
¿Recuerdan aquel episodio de Los Simpsons donde Homero es elegido conserje de Sprienfield? A estas alturas, todos conocemos a Homero (ley del mínimo esfuerzo, inteligencia con telarañas, cinismo a raudales, torpeza infinita, entrañable necedad), así que no nos sorprenda entonces que su aventura como empleado público concluya en una catástrofe de dimensiones colosales.
Lima no es Springfield, por supuesto. Pero a veces pareciera. Habría que preguntarse a qué ciudad se parece Lima. O mejor aún: ¿a cuántas ciudades se parece Lima? Para responder esa pregunta tal vez habría que emprender una expedición científica en zapatillas. Pero quien ya lo haya intentado sabe que un par no es suficiente.
¿Lo sabes tú?
“El tiempo vale más que el dinero”, explica el anuncio publicitario de un banco como aludiendo a las paradojas del progreso. “El tiempo es dinero” decía ese ejemplo de aquel libro leído hasta el hartazgo en la universidad. Más allá de las metáforas, ahora quien intente cruzar la ciudad -algunos empleos lo requieren- sabe que le espera un largo y sinuoso viaje por rutas alternas y calles paralelas donde más de un chofer despistado ha ido en contra.
Y es que no es sólo por APEC. Pareciera que todas las municipalidades se han puesto de acuerdo y han empezado a remozar una ciudad que vive de los recuerdos de cuando fue villa. El gesto siempre será bienvenido si las obras son resueltas con organización y rapidez.
Eficiencia, le llaman.
Por el contrario. Si antes me tomaba una hora para cruzar la ciudad e ir de casa a mi vieja universidad, ahora el tiempo bien puede duplicarse; o triplicarse en ocasiones apocalípticas. Y no sólo es mi caso. No importa si vives en Los Olivos, Chorrillos, San Miguel, San Juan de Lurigancho o San Isidro. El tiempo perdido se multiplica en todas las latitudes (cuando uno podría perder el tiempo de mejor manera). Y entonces debemos contentarnos con escuchar La Mega, cortesía de la “S”; o sumergirse en el último disco de Tindersticks, cortesía de mi mp3.
Excurso: el Perú es Lima, Lima es el Jirón… La frase -dicha por un provinciano talentoso que jugaba al dandy- es ingeniosa pero desprovista de previsión. Lima no es el Perú, le aclaron después. La ineptitud también puede descentralizarse. Es así como me entero, gracias al decano de la prensa nacional, que el distrito ancashino de San Marcos no cuenta con luz. La noticia no debería sorprenderme (lamentablemente el 61% de distritos andinos no tiene luz continua). Pero sucede que ese distrito cuenta con 211 millones de soles provenientes del canon minero…
De vuelta a la capital. Lima no es Springfield, lo dije hace un rato. Pero a veces pareciera porque uno no deja de tener la impresión que sus autoridades son como Homero Simpson. Claro que el personaje de Matt Groening siempre termina siendo entrañable (y extrañable, diría quien yo sé). Los otros, sin embargo…
Ayer, hablando con un amigo (y espero que éste no se moleste por la cita), me contó que el miércoles es el clásico en el Estadio Nacional, en cuyo perímetro se encuentra una inutilizada avenida Arequipa; y en ella, los materiales de construcción a disposición de quien quiera improvisar un arma para bajarse al barrista rival. Están advertidos.
Y mientras el gobierno ha otorgado 50 millones de soles para promover las refracciones, para remozar Lima, en cualquier momento colapsarán los colectores de la ciudad. El impacto ambiental y sanitario por ahora sólo se percibe en los márgenes de la ciudad. El ecológico puede verlo quien se pasee por cualquier malecón limeño; basta observar la marea sombría que navega en el mar de Grau.
¿Les parece que sueno apocalíptico? Lean esto:
Según la Ley de Aguas, el mar no debería tener más 4.000 NMP/100ml de coliformes fecales (cantidad más probable de partículas en cada 100 mililitros de agua). Sin embargo, en el Callao, cerca del colector Centenario, se han tomado muestras que arrojan hasta 12.500 veces más de esta materia por encima de lo máximo recomendado para garantizar la salud de la población.*
Quizá todo termine como en ese episodio de Los Simpsons, con la basura inundando las bellas calles renovadas, remozadas, ensuciando una pulcritud que esconde problemas mayores. Lamentablemente no podremos mudar la ciudad, solución por la que optan los pobladores de Springfield, dejando un vasto muladar tras de sí.
César Moro entendía que en todos sitios se cuecen habas; pero él, con su elegante ironía, agregó que “aquí sólo se cuecen habas”. Y fue el propio Moro quien bautizó a Lima como La horrible, apelativo que tiempo después usaría Sebastián Salazar Bondy para imaginar a esta ciudad como una madre monstruosa (ese monstruo tan caro a los narradores peruanos del cincuenta). Pues sí, todavía un monstruo, pero ahora uno inutilizado, atrapado y desarticulado en sus arterias principales, como si estuviera enfermo.
Desmembrada, la ciudad se desordena a sí misma y nos atrapa a todos, con esa dudosa belleza que posee toda enfermedad. Una solución convencional es la paciencia (no sólo para viajar en el transporte público se requiere equilibrio). Y otra, qué duda cabe, es aquella que Ítalo Calvino puso en boca de Marco Polo -ese fatigador de urbes- en Las ciudades invisibles:
El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.
*[La fuente es El Comercio]
Fotos sacadas de aquí






















Siempre lo he dicho, uno pierde mucho tiempo en el trasporte. A la mala aprendí a sacarle ventaja a las inevitables travesías en combi: escuchar discos completos en mp3 (antes en disc man), alcanzar cierto nivel de concentración para poder leer algún libro, o perder el roche de hacer una siesta sobre ruedas.
Alcalde, si lee esto, no llene con cemento improvisado (que a veces se queda en bolsas acumuladas en las pistas) la ciudad!!!
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