Cannes del 68: El oasis de la utopía

Algunos dicen que ha pasado suficiente agua por debajo del puente como para erosionar el recuerdo, mirado una y otra vez con nostalgia por los que lo vivieron o espectaron, en Francia o en donde sea. Lo cierto es que en contra de lo que ha dictado la marcha del mundo en estas décadas, el Mayo de 1968 permanece como el breve canto de victoria feroz de todos aquellos que ahora secretamente guardan la esperanza de un mundo que de vuelta en U de ese maltrecho sendero de inquietantes posibilidades al que se aproxima, con más notoriedad desde que sonaron las primeras fanfarrias anunciado el cambio de siglo.

De las consecuencias todos somos culpables, jóvenes y viejos, malos y también buenos. Es por ello que quienes no estuvimos presentes para presenciar aquella tumultuosa manifestación contra la total instauración del “salvajismo civilizado”, nos sentimos rápidamente identificados o simpatizamos de alguna u otra manera, con su idealismo, su ingenuidad, su ímpetu y su valentía. Como si se tratase de un súbito despertar, aquella pequeña manifestación de estudiantes por las calles parisinas provocó un efecto dominó en todos los estratos. La bomba le estalló al prolongado gobierno de De Gaulle mientras el mundo se sacudía con los sucesos de su ex colonia en Indochina.

En medio de la guerra declarada en el país de la cultura y el buen pensar se escapaban frases inspiradas como “Corre camarada, el viejo mundo está detrás de ti”, “Seamos realistas: exijamos lo imposible”, “Nuestra esperanza sólo puede venir de los sin esperanza”, “La imaginación al poder”. No cabe duda que las protestas con estilo o arte, tenían que venir de Francia.

Dentro de ese marco histórico, el corolario lo constituyó sin duda la interrupción de la 21ma edición del festival de Cannes que se estaba desarrollando en esos días tan críticos para la nación y el mundo pero que sin embargo buscaba ser olvidado o disimulado por la vieja guardia de la intelectualidad y sus promotores. El episodio más recordado de aquella querella en el campo más de élite, fue la brusca interrupción de la proyección de Peppermint Frappé de Carlos Saura, una de las cintas en competencia. Un grupo de participantes convocó a una improvisada conferencia para sentar su postura ante los sucesos que remecían al país y que prácticamente eran ignorados en el certamen.

¿Quiénes eran esos gamberros? Nada menos que Francois Truffaut, Jean-Luc Godard, Louis Malle y Roman Polanski, todos ellos integrantes del jurado calificador que fuera propuesto por los organizadores como el de mayor lujo e importancia que se hubiese tenido en mucho tiempo.


Cannes 68: Jean-Luc Godard, Roman Polanski, Francois Truffaut, Louis Malle. 

Cabe señalar que en el campo cinematográfico y cultural de Francia hubo un suceso previo que había caldeado los ánimos significativamente: el intento de destitución de Henri Langlois, el fundador de la Cinemateca francesa, por parte del entonces ministro de cultura Andre Malraux. Todos los nombres importantes de la cinematografía del momento pusieron el grito en el cielo e incluso varios de los talentos de la nouvelle vague, formados por su infatigable labor, hicieron movilizaciones airadas contra la medida.

Aquellos representantes terribles y contestatarios de la estética cinematográfica, proclamaron en el frustrado escenario de presentación de la película española (el propio Saura se solidarizó y retiró su film de la competencia al igual que Milos Forman), su negativa de seguir participando en el festival, dejando entender su postura sobre ésta como una sorda burbuja que dejaba la actividad artística como mero ejercicio de adornos e insensible a los imperativos externos. De algún modo aquella burbuja terminó convirtiéndose también en parte central de aquel combate entre lo viejo y lo nuevo, entre el ideal y la realidad. Ante tan sabotaje, los organizadores no tuvieron otra más que levantar la bandera blanca y decretar la cancelación abrupta del certamen.

Menos de un año después tendría que hacer lo propio Charles De Gaulle. Ese fue el único grito triunfal de esta causa perdida, sin duda disecada por los imperativos y mañas que requiere la supervivencia. Pero ahí quedó ese símbolo nada trasnochado que reclama seguidores mucho más que nunca antes. Una de las más comunes y ocultas disyuntivas del hombre contemporáneo es la de decidir dar, o no, ese paso al frente.

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>