Ivonne Frayssinet nos confiesa que cuando se bajó el telón pensó inmediatamente en nosotros que estábamos esperando. Nos recibe aún con el vestido de su personaje en el mismo escenario sobre el que, minutos antes, había actuado y despotricado contra los hombres. Desde ahí las butacas vacías funcionan como el mejor escenario para la entrevista.
Siempre me ha intrigado el “después” de la obra teatral. ¿Cuán difícil te es dejar de ser el personaje y volver a ser Ivonne Frayssinet?
La obra es el momento de la fantasía, te olvidas de todo, estás en un escenario, con tus compañeros, y acaba así de golpe. Es como una varita mágica que termina con tu ficción. Ni bien terminó me acordé de ustedes, de la entrevista, de mañana, de mi agenda, pero antes no se me ocurre, es un mundo mágico que yo adoro, realmente te saca de contexto.
¿Más que una burbuja, el teatro no es algo esquizofrénico?
Quizá antes, pero ahora no permito que comprometa mi vida personal. A veces se me quedan detalles, formas de hablar, pero uno no debe permitir que el personaje entre. Ni siquiera con obras bien fuertes, en las que realmente he llorado en escena. Una vez que terminaba, inmediatamente volvía, más agotada pero volvía.
¿Y antes de entrar en escena? ¿Cómo te preparas?
Hago ejercicios, como un calentamiento vocal, pero no fuertes, articulo, comienzo a hablar, ya siento que estoy preparándome. Relajo el cuerpo, nada más. Creo que cada uno tiene su entrenamiento, yo si necesito, como todos, un calentamiento, pero es el cuerpo, la voz y olvidarte de lo que pasa. Yo me olvido de todo cuando entro al escenario.
¿Cuánto ha cambiado Ivonne Frayssinet desde aquella película “Cuentos inmorales” de Huayhuaca en el 78?
Bueno, yo en ese momento era una aficionada que tuvo la suerte de ser convocada. Creo que recién hace unos 3 ó 4 años he sentido que este es mi oficio, mi vocación. Antes no, tenía dudas.
Siempre me has parecido una actriz muy natural. A diferencia de muchos, cuando pasas al cine pareces no tener problemas. El actor tiene que adaptarse al medio, al cine, al teatro y a la televisión. Es lo mismo pero con diferentes lenguajes. En el teatro hay que proyectar la voz para que la gente de la última fila entienda lo que estas diciendo, pero si tienes la cámara aquí como en el cine todo es por dentro.
Donde te sientes más cómoda
En todos lados, yo me adapto.
¿Incluso la televisión?
También hay cosas buenas. Lo que pasa es que las grabaciones no se preparan con tanta anticipación. La televisión es mucho más inmediata. En el cine sí, tienes tiempo, pero depende la calidad de los compañeros, la calidad del trabajo que hagas, la obra, película o lo que sea, el director, depende de todo, no es sólo ¡ay que bueno fulano! sino también ¿cómo está su entorno? Si te toca un entorno torpe no vas a estar bien, o vas a estar muy solo, no vas a tener contrapunto.
Leía que te preguntaban si tenías amigos, y decías que eran siempre los que estaban en la obra, que tu círculo es la gente con la que estás actuando en ese momento
Sí, la vida social se ve menoscabada, sales con tus compañeros, pero ya no llamas a alguien que esté en otra obra, es difícil, cuando estamos juntos si, bestial, y como finalmente los ves después de 2 años, 4 años, otra vez. Me veo con algunos compañeros, no con la frecuencia con la que me gustaría, siempre decimos que no vamos a perder esta amistad, nos proponemos vernos el primer lunes de cada mes, o cada tres meses, pero a veces no se puede.
Cuánto ayuda el tener un esposo que también es actor, incluso esta vez están en la misma obra
En el escenario para mi es un compañero más, quizás cuando hemos trabajado juntos ha habido unos roces, pero normal, no considero que está mi marido actuando conmigo, considero que es un compañero más.
Dices que hace tres años recién te diste cuenta que esta era tu profesión, ¿cómo así?
Porque cada cierto tiempo un ser humano se recicla, tiene un ciclo, de repente yo estaba deprimida, no sé, hacia trabajos, me ilusionaba y me desilusionaba pronto, de pronto me llama Ruth Escudero para hacer “Clase Maestra”. Gracias a esa obra recuperé mi amor por el teatro, una obra maravillosa, el personaje precioso, los compañeros que eran cantantes y Ruth una gran directora, como que se formó un deseo en mí de hacer lo mejor, me discipliné más, me toco reciclarme, recomponerme. Me ilusiono, somos gente un poco vulnerable, el actor tiene que estar con la velita prendida, el halago, el reconocimiento.
¿Con cuáles obras en las que has actuado te quedas?
Obras que me han encantado: “Clase Maestra”, “Madre Coraje”, “Hijos de un dios menor” en el Marsano.
No sé si por qué ya es tarde o estás muy cansada, pero esperaba encontrarme con una persona bastante graciosa, irónica, sarcástica. Es curioso como siempre imaginamos a los artistas…
Depende pues, depende, en una fiesta, en una reunión pues me vacilo, me río, friego, como un camaleón me voy acomodando.
Siento bastante sensibilidad, además que eres bastante sincera con esto de aceptar que en tu vida te has deprimido bastante
Si, te forma, uno se adapta a la vida del artista, un actor tiene una vida distinta, yo lo entendí, y comprendí toda mi vida. Entendí muchas cosas de mi vida, las he entendido por esa naturaleza mía de actriz, ya cuando las he comprendido me puse en paz. Finalmente me expliqué sensaciones, miedos, angustias, cambios.
Su esposo Marcelo Oxenford la espera en la puerta del teatro. Nos pregunta dónde saldrá la entrevista. Por un ratito me sentí recreando el papel de entrevistador frente a un teatro vacío. De pronto se apagan las luces. Me despido del pianista. Se cruza una gata enorme. La función terminó.
Entrevista publicada en Circovip
Fotos: Fanny Copaja





Quieres leer más?