La banda del Choclito: tres tontos y un general
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Jorge Esponda
Los programas cómicos de sketch son los que en su mayoría han dominado el panorama televisivo peruano por diversos motivos. Uno de ellos, acaso el principal, debe haber sido sus bajos costos, puesto que acá no se debía crear o eternizar un escenario que figurara como característica principal para las diversas maquinaciones que se desarrollan en la comedia de situaciones por ejemplo. Otro debe ser esa propensión y gusto que tiene el público local por los excesos y contrastes que ofrecen las caricaturas o personajes tipo. Basta solo ver a un flaco o un gordo para generar bromas haciendo escarnio o parodia de sus características. A eso se extiende también el terreno más abstracto de nuestra identidad (o de su parodia también): la corrupción, la ineficiencia, la sinvergüencería. No cabe duda de que el humor manifiesta muy bien nuestras angustias con tal o más precisión que el ensayo más aplicado.
El programa emblema de los sketchs en el Perú, nuestro Saturday Night Live, fue y sigue siendo Risas y Salsas. Dudo que mucho de nosotros alzemos el brazo cuando se pregunte sobre si este fue el mejor programa cómico que hemos tenido. No fue un prodigio propiamente, ni tampoco el primero que presentó ese estilo a la vista de los setenteros Estrafalario y El tornillo que a su vez deformaron en algo el característico concepto de los shows de café teatro, de donde provenían muchos de sus participantes. Sin embargo es el que definió ese espacio ocupado por la irresistible humorada popular que para colmo nos agarró de por vida en la niñez. Sus ocurrencias variaban según las diversas contribuciones de las figuras cómicas que lo integraban y los ocasionales guionistas como Carlos Velásquez o Aldo Vega. Por ahí veíamos algunos de los personajes más recordados del panorama humorístico ochentero: el Jefecito y Felpudini, Manolo y Machucao, la charapa y su Guambrillo y por supuesto, el Choclito y su banda.
Entre tantos delincuentes de toda calaña y calibre, estos últimos deben ser los más recordados de la época del terror y los paquetazos. Eran una suerte de reciclaje criollo y esquizoide de alguna fantasía cinematográfica con James Cagney pero transplantado a la realidad misia de una Lima de utilería y con villanos que poseían toda la torpeza de los del Chapulín colorado, tal vez por esto último resultaban tan entrañables y hasta llenos de candor. Siempre era un deleite irresistible escuchar la entrada con la aguarrientosa voz de Guillermo Rossini fungiendo de una versión irrisoria de la de Los intocables acompañada de una melodía de película policial que ya hubiese querido el mismo Sam Spade.
Así nos eran presentados en cada edición, los estrafalarios integrantes de esta banda: el envejecido Mapache que figuraba casi como el Harpo Marx del grupo, el torpe Ojos lindos, el impresentable Guayabera sucia y finalmente el architemido Choclito, extracto concentrado de delincuente hecho chiste andante. Cada episodio está marcado con la perenne carencia de recursos pero sazonado de esa vulgaridad que si bien ahora nos haría correr, conservaba en este sketch al espectador atento a sus detalles fallidos dignos de Wood. Todos los miembros del conjunto se las ingeniaban para aportar sus diversas características rumbo al desastre anunciado que era cada plan criminal. Asaltos fallidos en medio de golpes, patadas y gritos de “idiotas” o “imbéciles” que nos desternillaban de risa. De su chacota atolondrada nacía nuestro interés, de su torpeza narrativa ni nos percatábamos. La cosa era pasar esa tradicional tarde o noche y reírse de lo que sea que muy pocas otras cosas la provocaban en esos tiempos a nuestros conciudadanos.
Finalmente habría que decir que ese fue, si cabe decirlo, el punto “más alto” de la carrera de Justo Espinoza, el popular Petipan, aquel pequeño personaje casi siempre relegado a papel de figurante o de piñata pero que cumplió el sueño del protagonismo. De él no hemos vuelto a saber en mucho tiempo, pero con todas las limitaciones, bien le podemos conceder algo y decir sin remilgos que a nosotros también nos puso ¡de rodillaaassss!
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La foto de la portada es de ahí.





hace unos dias lo vi al ya tio petipan, tomando su combi en el paradero de la pucp.
Jaja nadie como Petipan, hace un tiempo sacaron una nueva versión me parece. Ese programa se estrenó agonizante. Esta banda es irrepetible.