Ivan Thays es uno de los pocos escritores peruanos que ha obtenido mayor popularidad por la vía alternativa, pero no menos profesional, del blog personal. El autor de Moleskine Literario puede darse el gusto de que algunas publicaciones internacionales citen sus comentarios. Fragmentos de post hechos con un declarado placer de lector dedicado a leer y recomendar, como alguna vez leí en una de sus entradas. Ese gusto es lo que primordialmente ha sustentado más de tres años de actividad y diversas salidas al frente ante algunas polémicas con las que tuvo que enfrentarse, especialmente por vía de su nunca bien reconocida labor con Vano oficio, su recientemente cancelado programa literario. Síntoma de que los caminos de la tan “solicitada” buena televisión todavía no están preparados para llegar a consumar los contenidos serios o consistentes que requiere nuestro medio hace rato.

Afortunadamente el reducto virtual, siempre en alza, le ha dado la posibilidad de desarrollar ese concepto de la difusión literaria. Su mecánica se caracteriza por la introducción en bloque de diversas noticias que van desde importantes acontecimientos hasta algunos cuchicheos placenteros acerca de la farándula de las letras que son el inevitable accesorio que crea las leyendas del solitario oficio. A veces tiene la premura de lo periodístico, en otras viene el análisis, tal vez sucinto como para poder darse tiempo de cubrir la mayor cantidad de notas posibles. Thays puede darse el lujo de manejar un buen ritmo de blogger y no sacrificar una prosa eficaz, capaz de resumir noticias y opiniones en unas cuantas líneas. Tal vez esa sea la combinación que lo ha hecho merecedor de mucho público ávido de ese formato no muy bien trabajado en Hispanoamérica generalmente.

Aún así no ha logrado escapar de esos fuegos contradictorios que por un lado reclaman textos más ligeros o que cuestionan cierta postura conservadora y sectaria, y por otro reclaman dentro del análisis algo más sesudo que algunas líneas antecediendo un copy / paste. Son acaso parte de un formato que aún viene siendo explorado y al cual las publicaciones tradicionales aún le hacen ascos públicos, a sabiendas de que mucha de la información que las nutre proviene cada vez más de la nación virtual. En ese camino el Moleskine de Thays ha alcanzado la fórmula exacta entre la exhibición de noticias y ese toque propio que solo la erudición es capaz de otorgar. Queda todavía la promesa para el que propósito de la difusión cultural alcance las dimensiones que su propio goce de fanático ha mantenido con firmeza a través de las difícil etapas que se presentan en contextos como el nuestro. Pero no hay que desesperar porque esto recién comienza.

Foto sacada de aquí

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