La tetona de Fellini: royendo las historias cinematográficas

Todo buen cinéfilo que se precie de serlo, disfruta de una buena historia. Y si de estas se trata, uno de los pocos espacios en las que puedes disfrutarlas como una película misma es en este blog creado en el año 2006 por el escudriñador Andrés Derzu (Andrés Mego en verdad). Personaje que como ratón [...]



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Todo buen cinéfilo que se precie de serlo, disfruta de una buena historia. Y si de estas se trata, uno de los pocos espacios en las que puedes disfrutarlas como una película misma es en este blog creado en el año 2006 por el escudriñador Andrés Derzu (Andrés Mego en verdad). Personaje que como ratón de estanterías, devora cuanto pueda encontrar del cine alternativo, extravagante, rodeado de algún aura maldita o solo poco conocida. Su lema lo dice todo: “nunca una película de estreno”.

Entre su apasionada labor de hallazgo y degustación de cuanto film extraño, se detecta claramente a un interesante narrador de crónicas. Por La tetona de Fellini pasan algunas películas de género olvidadas en el tiempo, mucho de cine serie B, y algún que otro intento autoral o trasgresor. A todo ellos se acerca Andrés entre el espíritu lúdico del fanático y su consiguiente aproximación a cuantos pelos y señales tengan las circunstancias que rodearon su realización, presentación o el destino de los artistas involucrados.

Ahí por ejemplo nos podemos enterar mejor que en ningún otro espacio, hispanoamericano al menos, de los entretelones de la carrera meteórica del rey del porno Gerard Damiano; de las circunstancias que rodearon la realización de documentales de culto restringido como Mondo Cane y Monterrey; realizaciones de autor en el todavía incipiente cine sudamericano como las películas del boliviano Jorge Sanjinés; extravagancias lejanas como la aventura soviético-galáctica de Aelita; u otras más cercanas como las películas de Santo, el enmascarado de plata.

La información y las cualidades de narrador que posee el autor, funcionan como el aperitivo preciso para de gustar ese plato fuerte presentado en su carta vía emule, al cual casi siempre podemos terminar llegando. Propósito de difusión desprejuiciado que afortunadamente se encuentran alejados aquí, de tanta pose que rodea a los autoproclamados contra culturales. Andrés posee el don cinéfilo y no le molesta declarar que mucho de este se ha forjado con las nuevas posibilidades y accesos que brinda el mundo informático.

Es raro encontrarse en el mundo conocedor a un espécimen como este explorador de filo entretenido. Si no le molesta decir que ve mucho por la computadora, sin duda es un amante del cine que de verdad valdría la pena conocer. Asume conciencia de que el suyo es un camino solitario pero por ello mismo libre para actuar poder actuar a su antojo. Este trashumante goloso de las órbitas alternas se precia de ello sin empachos:

“Cada semana una película inesperada. La Tetona de Fellini husmea entre cintas curiosas, clásicos recónditos, films perseguidos. El cine nos cuenta historias, aquí contamos las historias del cine.”

El mismo presentador de la Saraghina, la Volpina, la Gradisca, o la Sylvia de La dolce vita, podría haber estado también de acuerdo.





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