V de venganza de James McTeigue: recuerda algún día en noviembre

Se ha convertido en una especie de extraña propuesta y llamativa sin dudas. Varias de las últimas producciones provenientes de Hollywood, han asumido sin vergüenzas, cierto filón crítico hacia el régimen actual de su país, ya en despedida. Llama poderosamente la atención que recién esto se haya dado en el panorama del mainstream luego del [...]



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Se ha convertido en una especie de extraña propuesta y llamativa sin dudas. Varias de las últimas producciones provenientes de Hollywood, han asumido sin vergüenzas, cierto filón crítico hacia el régimen actual de su país, ya en despedida. Llama poderosamente la atención que recién esto se haya dado en el panorama del mainstream luego del éxito (en taquillas), del dinamitador documental Fahrenheit 911. Como envalentonándose por los accionares de Michael Moore. Varios personajes de la colmena cinematográfica comenzaron a cambiar la onda servil y deplorable de varios films, y entre ellos no se mantuvo ajena la subvertiente de adaptaciones del comic.

Conocidos por su espíritu geek, los hermanos Wachowski auspiciaron esta película que se convierte al mismo tiempo entretenimiento y artefacto de ideas liberales. Ese tránsito conflictivo es manejado de manera irregular, aunque James McTeigue, hombre de confianza de los creadores de The Matrix, se las ingenia para darle a su film una cierta personalidad que es revestida con todos los característicos lujos de la tan manoseada “oscuridad social”, que obsesiona a sus socios. Así es como se encuentra planteada la idea de llevar a la pantalla la historia creada por el venerado Alan Moore (From Hell, The Watchmen), quien debe de quedarse pensando como sus intrigas ochentenas se van transformando en fuente de ataques contra lo reaccionario en la era de la invasión a Irak y el sistemático proceso de aterrorizar a la población primer mundista, casi siempre ajena a los delirios “bananeros”, por decirlo de alguna manera.

Al desgarrado V, le toca la parte del ciudadano liberado a si mismo por su conciencia y su valentía. Prototipo característico del superhéroe pero que acá luce síntomas post traumáticos, más violentos que los del mismo Batman. ¿Quién es realmente? Apenas una sombra, un representante de la muda mayoría, que comienza a perpetrar un complot armado bajo las premisas de la paranoia masiva, tal cual como las que llevaron al poder al malévolo Adam Sutler (John Hurt luciendo todo el oficio de la escuela británica a pesar de la caricatura) y a toda su corte corrupta y sometida. La película tiene así un arranque fuerte, de imaginario atractivo y momento de acción destacables como la infiltración y escape de las instalaciones de una BTN post apocalíptica.

Por su periplo, dentro o fuera de las pantallas, no deja de encontrar rostros desconcertados, temerosos, o con tanto ímpetu de venganza y rebeldía. Entre ellos termina reclutando a Evey (Natalie Portman), una víctima más de las circunstancias con la que recorrerá el tramo final de un año que tiene su plan. De un 5 de noviembre al siguiente se sucede la película en proclamaciones a explosiones y cuchillazos, pruebas de sacrificios y lealtad, y persecuciones esporádicas. Es tal vez esa tránsito el que termina muchas veces desinflando la narración, tal vez demasiado interesada en alimentar una tensión más sutil forjada a través del creciente caos socio político que sus acciones proscritas van generando en la opinión pública. Un intento de película de acción tan intelectualizada es agradecible pero de este riesgo no sale indemne nuestro héroe anónimo con la voz precisa, eso sí, del australiano Hugo Weaving.

Pero hay que destacar un bello y logrado momento, aquella extendida secuencia en la cual Evey lee la carta de otra anónima mártir de esa convulsión hacia el terror, a quién solo conocerá como Valerie. La nota justa para que el buscado lirismo se apodere del film y haga que la ruptura de tiempos en la supuesta aventura pase como un cuadro conmovedor, al cual no le hubiesen hecho falta tampoco las continúas inserciones de flashbacks. Los rostros de ambas compañeras frente a una última voluntad testimonial, son acaso la verdadera expresión ideológica y artística de este cómic de vocación seria que pasó la prueba de la explotación no ilesa, pero de eso finalmente se tratan las historias de pérdida y reconstrucción. Con todos sus acierto y lastres, V de venganza, nos deja el gusto fugaz de lo que pueden llegar a expresar los todavía menospreciados, mundos de la viñeta. Nada más ambiguo que el porvenir, y como el enmascarado (émulo del Conde de Montecristo) sintoniza muy bien con el, prefiere entregarse al show de los festivales nocturnos y coloridos de la destrucción de los cimientos de una etapa, de una edad en la civilización, pero siempre al ritmo festivo y potente de las fanfarrias napoleónicas de Tchaikovsky. Pocas ideas tan turbulentas. Muy probablemente esta primera semana de noviembre, muchos estadounidenses tendrán también que decidir si hacen lo propio.

V For Vendetta (2005)





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