The Virgins: yo quiero ser del Jet Set
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por
Jorge Esponda

Es un síndrome muy común en la escena musical norteamericana, el que las nuevas bandas que surgen se vayan poniendo más cínicas y burlonas ante los característicos tópicos de la rebeldía juvenil. Ahora estos no solo incluyen el cóctel anarquista y juguetón de siempre sino también las alusiones al propio afán del éxito mercantil, como los sueños de un transeúnte más en la ciudad de los rascacielos que de alguna forma puede encontrarse con la fama y fortuna a la vuelta de la esquina. La fantasía de los 15 minutos en su máxima expresión pero que incluyen manifestaciones de lo más pragmáticas como lo manda la era post 9/11.

Mucho de ello se deja sentir en el disco debut de esta banda que hace su presentación sin complicarse la vida en medio de miles de propuesta de lo más variadas. Aplican la más popular: la reinvención y el culto por el funk y el disco, al que sazonan con algo de post punk y un tanto de descaro comercial. Donald Cumming, el vocalista y líder parece encontrar con esta, la línea perfecta para acrecentar su, aún pequeña pero fiel, legión de fans en los clubes de Nueva York y a la vez para tentar el soñado mainstream sin perder cierto aire irreverente que así no más no entra a las radios a pesar de sus pegajosos ritmos.
Cumming, con intentos anteriores en el modelaje y la actuación, delata en todas una cada una de sus canciones sus no pocas aspiraciones a estrella, como casi todos de su generación forjada por la entrada rotunda de la televisión y de MTV. Niño que ahora le rinde tributo a esa música con la que debe haber despertado su conocimiento del showbiz. Y si hay algo que agradecerle a este disco es esa frescura que en sus intenciones por calentar antenas masivas, también se permite alusiones a la vida nocturna sin maquillajes (drogas y sexo despreocupado entre demás destapes de la juventud). Algo de sus letras me recuerdan un tanto al show social del Pulp de Different Class. Ahí se dejan oír los recuerdos de una primera y fugaz madurez, alguna que nos acomete una madrugada, en un fin de fiesta donde muchas cosas pudieron pasar: alguna chica te dijo que no, tu realidad te dio en la cara como un puñetazo en la pista de baile, o sencillamente te puso el brazo sobre los hombros tranquilamente mientras caminabas viendo el amanecer con el aliento viciado.
estamos esperando en ti, no te queremos de acuerdo a tu tiempo,
y te prometo una mentira, ¡di que no es cierto!,
ultimamente puedo decirte que estas asustada, bueno, estamos creciendo,
dije que quizá si cambias tu peinado, estarás suficientemente buena,
para chicos como el que solía ser yo y que murieron,
ahora ellos no están por aquí,
me pregunto ¿que piensan de la vida, cuando están mirando hacia abajo?”
Todo este disco movido esta acompañado de un aire nostálgico, como no podía ser de otra forma, si aquí se juntan las referencias a los coloridos años del new wave absorbiendo todos los estilos. Las super funky She’s Expensive y Rich Girls se encuentran navegando con aires discos, como lo son en menor medida Hey Hey Girl o Radio Christiane con aires nada disimulados a The Cars. Pero lo mejor de su propuesta se encuentra en Fernando Pando y Love is Colder than Death. Ahí The Virgins redondea un disco divertido aunque también con toques que buscan desesperadamente una identidad en medio de las rutinas disipadas, como lo hacen todos los perdedores o ilusionados diversos que las protagonizan.
nos volveremos a enamorar solo dale tiempo,
es fácil cuando duele, decir adiós,
nos volveremos a enamorar solo dale dolor,
no dejes que tu amor sea más frío que la muerte,
no dejes que alguna lágrima caiga de tus ojos”



