No muchos actores pueden darse el gusto de Charlie Sheen. Aquella prometedora estrella cinematográfica parecía seguir un camino de derrota debido a una serie de malas decisiones que siguieron a su incursión en pelotones y movimientos bursátiles con los que Oliver Stone le sirvió en bandeja el oropel y los laureles de la comodidad desde la cual cada riesgo podía ser mejor calculado. El buen actor prefirió evitarlos e irse por la fácil. Lo que siguió a su debut memorable fueron papeles intrascendentes en comedietas y films de acción que adornaron mejor sus medianos escándalos personales. Recorrido que al final no ha sido tan distinto como el de varios otros prospectos de galán.
Ahora, tras algunos tanteos a ciegas por las series de Spin City ó Scary Movie, se le puede ver en un programa que no tendrá nada de extraordinario, pero que es lo suficientemente divertido como para que sus inclinaciones por la comedia se desenvuelvan con solidez. Dos hombres y medio, es una sitcom transmitida por CBS y hecha con todo el oficio y sabor que caracteriza a la televisión estadounidense. Ahí las aventuras del pícaro Charlie (poco faltó seguro para que le pongan su nombre a la serie); su torpe y miedoso hermano Alan con pinta de Richie Cunningham; y su sobrino Jake, se desenvuelven con la consabida mezcla de agilidad en las réplicas, escenarios reducidos, risas grabadas y todo tipo de alusión exagerada y mordaz sobre sus bastante satisfechas vidas en la soleada California.
Two and a Half Men (Intro)
Como las antiguas Ellen o Cybill, el protagonista de esta serie se encuentra diseñado a la medida de la fama y las etiquetas que le fueron puestas a su estrella de incontables amoríos y cierto aire relajado que finalmente Sheen parece asumir con la sapiencia de la madurez. No hay más originalidad que encontrar por aquí, sin embargo la fórmula en dosis exactas ha funcionado sin fallas durante cinco temporadas. El intérprete ha vuelto a ocupar el lugar privilegiado que el cine le negó por mucho tiempo. Una resurrección solo posible en ese intercambio de favores entre el cine y la televisión, ambas hechas industrias poderosas que pueden hacer de actores conocidos pero siempre “segundas filas” como Sarah Jessica Parker o Kiefer Sutherland, todas unas luminarias con poder y decisión, y viceversa (los casos de los monarcas de en horarios prime time que saltaron al écran se cuentan por mayoría).
Al bonachón e irresponsable Charlie le sonríe la buena suerte y fortuna, aunque para ello tenga que aceptar en su cuadra a toda clase de neuróticos especimenes. Por ahí salen una madre tan auto complacida y promiscua como él; una ex cuñada que no oculta el lado neurótico de la sociedad de la abundancia; una empleada que no oculta el lado cínico y burlón; y una vecina que aparece y desaparece como hada convocada para dar solución a los momentos de “crisis existencial” que acosan al héroe en medio de sostenes y carteras que saltan mientras busca el game boy del preguntón Jake. Como que al final del camino, no todo le salió a pedir de boca. Este soldado de batallas ya lejanas se da con la sorpresa de que su regreso con gloria significó asumir otro pelotón como pesada artillería al hombro. ¿Hasta cuando durará? Mientras nos sigamos riendo me imagino.
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Episodio con Steven Tyler
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