En el Perú es algo muy tradicional calificar las sensibilidades populares, los gustos dudosos o incorrectos, y las particularidades de la fauna farandulera local, como cultura chicha. Aquel termino surgió años atrás para definir someramente a la movida musical que se inicio en los estratos más humildes como una extraña extensión de los ritmos folklóricos locales y los que provenían del espectro latino más inmediato como la cumbia y la salsa. Todo esto sucedía a comienzos de los 80 casi con la llegada misma de la democracia.
Pasadas muchas cajas de cerveza y mitificación de ídolos, la llamada cultura chicha parece ir convirtiéndose cada vez más en un elemento no tan sutilmente integrador. Al menos este repertorio o retablo se ha llenado con tal continuidad que sus curiosidades, escándalos, o estrategias rumbo al éxito, son cosa de todos los días. En la actualidad gran parte de la llamada prensa chicha, se dedica precisamente a atender con prioridad, las necesidades informativas sobre la última pelea entre vedettes, seudo políticos, y demás saltimbancos que proliferan por los diversos medios. Las secciones de muchos de ellos se remiten a tópicos como “chisme tv” o “la calata del día”. Cada vez más la consigna es alejarse del prototipo o formato serio, y cumplir con la filosofía criolla de asumirlo todo con una sonrisa. Algo que no esta mal hasta cierto punto (que ya se rebasado mil y un veces).
Con la rápida población de la blogósfera, esta tendencia no ha dejado de plantar su bandera. Ha habido muchos intentos pero ninguno que se asemeje en continuidad a Doctor Monique, un blog que trae como consigna el desparpajo y afición por los colores chillones de lo que los grupos más elitistas llamarían “carne de la prensa basura”. Pero más allá de ello no se puede negar que el anónimo responsable de esta pintoresca bitácora, es todo un erudito en la materia que sazona perfectamente con un humor a veces cáustico y casi siempre cínico. Sabe muy bien que para inmiscuirse en tan ubicuo espacio, debe de empaparse con no poco riesgo de placer por aquel festival que le da a la palabra surreal un nuevo significado la mayoría de las veces.
Por cada post-crónica se pasean todos los integrantes más empeñosos del zoológico de la atención mediática: la ex madre de la patria Susy Díaz en líos con su Mero loco ó rodando nuevas “joyas” videográficas con el maestro Leonidas Zegarra; los peloteros de moda correteados toda la vida por las vedettes de “excesiva carnalidad”; los simulacros de escándalo que rodean a los grupos de moda o a los eventos chick en versión kitsch; y por supuesto los mil y un deslices de cuanto político haya en cargos públicos y que se han ganado con justo derecho un lugar en esta esfera. Todos ellos amadrinados por la cenozoica Monique Pardo, quien presta su nombre y desarmónicas formas como emblema de este espacio dado a corroborar una gran y ninguneada verdad: que la farándula peruana (tal vez como muchas otras) podrá ser una irrelevancia total pero no deja a nadie indiferente. El que este libre de haberse carcajeado con ella alguna vez, que arroje la primera piedra.









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