The Queen is Dead de The Smiths: la real ceremonia del adiós

The Smiths debe de ser una de esas bandas que pueden desatarte tempranamente afectos u odios. Todo eso depende de si la cogiste en la reveladora adolescencia, ahí donde se fraguan todas futuras convicciones, en medio de una batalla de caprichos, miedos y contradicciones que te hacen sentir como trágicas muchas cosas que luego te [...]



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The Smiths debe de ser una de esas bandas que pueden desatarte tempranamente afectos u odios. Todo eso depende de si la cogiste en la reveladora adolescencia, ahí donde se fraguan todas futuras convicciones, en medio de una batalla de caprichos, miedos y contradicciones que te hacen sentir como trágicas muchas cosas que luego te harán reír. Por más de un motivo se puede imaginar uno que Morrissey nunca superó esa etapa. Creo que en ello radica la certeza de que su paseo musical nunca puede dejar indiferente a nadie. Parece que para bien o para mal escuchar sus letras pretendidamente lastimeras o irónicas nos confrontan con aquella parcela de la existencia en la cual dejamos muchos deseos por cumplir, muchas ideas por reafirmar, muchos sentimientos que rara vez despiertan pidiendo auxilio desde ese casi olvidado patio de juegos que todavía se conserva en tonos sepia.

Es cierto que Johnny Marr fue todo un genio con las melodías, pero a Morrissey le cupo dejar perennizada la imagen de estos chicos de Manchester como la del grupo de raritos en la fiesta del post punk o el wave. Esos chicos no eran tan gamberros pero tampoco tan pulcros, podían ser cultos pero también rebeldes con o sin causa. En aquel camino sin duda se hicieron más de un juramento como todos los demás. Solo que los suyos eran probablemente contestatarios de igual forma a sus mayores y a sus propios contemporáneos, donde mucho era autentica pose. No optaron por sonidos duros sino por los tempos ágiles y no poco sensuales de un pop adornado con el cierto aire carnavalesco que acompañaba a su cantante y letrista.

The Boy With The Thorn In His Side

The Queen is Dead es por todo ello, un disco especialmente entrañable. Se trata de la real confrontación de esa generación perdida (como las son todas), una suerte de crónica sobre la primera batalla con el monstruoso e invisible enemigo de la integración social que dejó como saldo solo la dolorosa y aplaudida muerte de la reina, pero solo en el pensamiento. A ello siempre se remitió Morrissey con sus canciones siempre girando entre lo cotidiano y lo intrínseco, o más bien lo cotidiano de lo intrínseco. Antes que acudir a los clásicos bares o los juegos de pelota, prefiere darse una vuelta por los sepulcros e imaginarse como sus ídolos, a los que su sensibilidad dramática no puede imaginar de otra manera que como muertos de una era lejana y paralela, y si fueron desdichados mejor.

“es un pavoroso y soleado día,
entonces te veré en la entrada del cementerio,
Keats y Yeats están a tu lado,
mientras Wilde está en el mío”

Aún si uno no supiese que cosa canta, uno podría captar con toda claridad que detrás de sus movidas tonadas hay siempre una sombra fatal que se contenta con algo de sarcasmo ante las primeras frustraciones. Si eres de los que son capturados por The Smiths, de hecho que siempre seguirás sacudiéndote con todos sus humores y posturas. Si eres de los que los rechazan a la primera, me consta que asumirás filas de recalcitrante desarraigo y pondrás en duda las preferencias sexuales de tus contrincantes. Tal vez eso es lo que siempre buscó el gran Morrissey, despertar los ánimos en una olla de grillos inerte debido a la saturación. Sintiéndose como el chico de la espina en el costado, incomprendido, bocón, y mirado de reojo.

The Queen is Dead puede verse incluso como la misma muerte de The Smiths, como el primer anuncio de que aquella carrera contra la madurez que debía de enfrentarse en la soledad. Y nadie mejor que el cantante para referirse a ella, eterna compañera hasta para el más solicitado, para el que pasea en compañía solo para que los otros miren al cielo y sientan lo miserables que son, con la suciedad cayendo sobre sus cabezas. A su modo ese demonio pervive en esta banda adorable como pocas y que nos dejó todo ese emblema de una extraña esperanza titulado There is a Light That Never Goes Out.

“y si un autobús de dos pisos nos choca,
morir a tu lado sería una forma celestial de morir,
y si un camión de diez toneladas nos mata a los dos,
morir a tu lado, bueno, el placer, el privilegio sería mío”

Deben existir pocas líneas tan hermosas como esa. Es acaso uno de los motivos por los cuales esta muerte es una de las mejores experiencias, mil y un veces suscitadas a los oídos por estos enterradores de toda una era.

Datos extra: La pasión por el cine de Morrissey fue más notoria que nunca en este disco puesto que Alain Delon adorna la portada y Derek Jarman dirigió el video de la canción que titula el disco.

There is a Light That Never Goes Out

The Queen is Dead





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Un Comentario

  1. jose agregó estas palabras el September 28, 2008 | Permalink

    Felicitaciones x la reseña man,concuerdo contigo en la mayoria de las afirmaciones antes mencionadas,THE SMITHS son esa clase de bandas que despierta una pasion tan intima y personal como que su musica es el soundtrack de tu existir.
    yo le debo mucho a mozz xq me ayudo a crecer en mi adolescencia y a no sentirme mal x ser algo diferente y no acoplarme al sistema y su musica se convirtio como una terapia en donde te hace pensar,meditar y hasta LLORAR DE EMOCION con tanta poesia plasmada en su musica asi como en su etapa solista,aunque ningun disco igualara a lo que dejo en THE SMITHS en donde el llego al nivel de perfeccion en aquella etapa.
    Me gustaria contactarme con verdaderos ACOLITOS de la banda Mancuniana,mi mail es:thesmithsforever@hotmail.com

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