querido donnie:
desde hace semanas he querido escribir una reseña sobre ti, pero hasta ahora no he podido hacerlo. tú mejor que nadie entiende la distancia entre lo que se quiere y lo que se puede hacer. a decir verdad, he querido escribir sobre muchas cosas pero el tiempo ha sido un obstáculo gigante, enorme. ahora, mientras termino algunas pequeñas crónicas sobre los juegos olÃmpicos –el trabajo, siempre el impostergable trabajo–, intento redactar esta carta. porque escribirte también es, de algún modo, escribirme. y hay que contentarse con eso.
(escribirme. qué obviedad, ¿no te parece?)
donnie: yo deberÃa desentrañar tu historia, explicar los vÃnculos, desanudar la trama, deberÃa indagar en el montaje, rebuznar entre los encuadres, siempre el sutil lenguaje cinematográfico que uno tiene que palpar para sentir que ha comprendido una pelÃcula, como si eso no se tratara de otra cosa. siempre otra cosa. y no digo que todo aquello no sea relevante; por supuesto que lo es, pero yo solo tengo estos balbuceos que me salen no sé de dónde. lo importante, lo realmente importante, siempre está donde en un inesperado cruce de avenidas.
donnie: ¿te das cuenta lo fácil que resulta tragarse las palabras de otros y escupirlas como si fueran propias? podrÃa decirte que aquà me tienes, ideando estas lÃneas que reflejan mis ojos cansados, buscando la palabra precisa, aquella que haga sonar a la otras. siento que he estado viviendo asÃ, con las palabras de otros, siento que estos dÃas he estado –como tú– caminando dormido. levantarse, bañarse, vestirse, desayunar cualquier cosa, cruzar la autopista jugándose la vida para no llegar tarde al trabajo, (igual llegar tarde), escribir sobre viajes estacionarios, creer en los vÃnculos (porque hay vÃnculos que lo ameritan), y muchas horas después, cuando la noche se cierne sobre la carretera central, fumarse un cigarrillo para despertarse del todo.
¿se logra despertar del sueño?
yo también tengo muchas preguntas que hacer. comencemos por las más irrelevantes: ¿qué clase de nombre es donnie darko? ¿por qué tus padres no querÃan votar por dukakis? ¿por qué tus hermanas eran tan distintas entre sÃ? ¿por qué, desde los ’80, la autoayuda parece haber cobrado un auge insólito?
¿sabes? me gustan las canciones de los ’80 porque pueden escucharse y bailarse al mismo tiempo. y entonces, puedes oÃrlas y cantarlas en tu cama (los domingos, mientras el dÃa va agregándole sombra a la sombra y uno se convierte en testigo repentino de esa prgresión) o bailarlas en las fiestas que dan tus amigos. en las fabulososas fiestas de nuestros amigos. o en la puerta trasera de un supermercado cerrado a altas horas de la noche. siempre me pregunto por qué en ciertas canciones en inglés existe una rara conexión entre las letras y los ritmos, como si fuese mejor componer una cancion pegajosÃsima con letra increÃblemente triste. una celebración del duelo. me acuerdo de ésta canción que, creo, nadie bailarÃa:
and I find it kind of funny i find it kind of sad
the dreams in which i’m dying
are the best i’ve ever had
i find it hard to tell you
‘cos I find it hard to take
when people run in circles
it’s a very, very mad world
donnie: ¿no te parece que ahora la locura es un lugar común? ¿acaso es elogiable la locura, aquella que nos palpita en la sangre? todo el mundo está un poco loco. te bastarÃa caminar una hora por la calles de alguna ciudad (la tuya o la mÃa, da lo mismo) para creer que a todo mundo lo persiguen animales monstruosos. tal vez estamos buscando otras cosas, tal vez excusas, tal vez las casualidades que hacen que todo encaje o se disuelva. la gente piensa en el azar como si fuera un orden oculto, las calles de una ciudad descomunal e inescrutable. quizá lo sea. pero, entonces, ¿qué sentido tendrÃa hacer planes, construir algo asà como un mapa de lo que queremos, de lo que realmente deseamos?
al final se trata de tiempo y destiempo. nunca estar en el momento exacto, perderse el preciso instante en que todo ocurre. estar siempre en otro lado. ahora que te escribo, por ejemplo, no estás y es tu ausencia (nunca tu presencia) quien convoca a mis palabras. de esa materia se hacen las cartas. no solo se trata de llegar tarde a todo sino también la desconexión con los otros. ahà es donde comienza la soledad. a mà me parece que hay soledades que son como aviones que nunca aterrizan. otras, en cambio, son como aviones que están a punto de despegar pero no lo logran.
las palabras de los otros, las palabras de los otros. todo ser muere solo sobre la tierra, dice roberta sparrow. pero yo no sé si ella tenga razón.
lo que sé es que a veces aparecen conexiones. lo que sé es que a veces el destiempo se supera y se establecen lazos invisibles, nudos impalpables entre la gente. ¿los has conocido tú, donnie? porque siempre podrÃamos hablar de gretchen o de tu madre y tu hermana en un avión en medio del vórtice donde universos colisionan.
¿qué cosa es el universo sino algunas canciones oÃdas en una fiesta después de medianoche, algunas cervezas, conversaciones que no son tales, disfraces extravagantes y las ruedas de las bicicletas? ¿qué cosa es el final sino un minúsculo estallido que sucede cuando apretas un botón y todo retrocede?
quizá solo en sueños el fin del mundo esté cerca. lo sé, se ha hablado tanto de esto. muchas cosas pasan en los sueños. en ellos, todas las dimensiones –sean reales o imaginarias– terminan siempre confundidas en un abrazo largo y sincero. ¿es esa la clave para saber lo que nos depara el destino? ¿cómo saber realmente lo que nos espera? ¿o es que hay que creer en aquello de que antes todo mundo sabÃa lo que pasarÃa en el futuro y que en algún momento alguien propuso olvidarlo hasta que hizo costumbre, hasta que terminamos por perder la facultad del presagio? donnie: yo pienso en el olvido cada mañana cuando un poco de agua en la cara sirve para deshacernos de ese mundo paralelo que vivimos entre sueños. ¿hay algún tipo de señal o epifanÃa en todo esto? siempre están las palabras de los otros. en moby dick, stubb dice: “no sé lo que me espera pero, de cualquier modo, iré hacia eso riendo”. ¿lo sabÃas tú, donnie?. Â
mucha gente me acusa de no recordar cosas importantes. las citas con el médico o el cumpleaños de mis padres, por ejemplo. pero siempre me acuerdo de los cruces de avenida. ahora que no estás (ahora que sé que no vuelves) me he acordado de ti y te he escrito esta carta como si se tratara de otro sueño. tú podrÃas decir que faltan cosas pero nunca logramos decir todo en una carta; es más, nunca deberÃamos decirlo todo en una carta ni en ningún lugar.
quizá yo debà haber escrito esa reseña de la que te hablé al principio, examinar la articulación entre la música, las imágenes y el relato, explicar el complicado modo en que la pelÃcula se sirve del contexto que retrata (la contienda electoral entre dukakis y bush, una década que se arremolinaba en la cabeza de todos, los fantasmas del sueño americano). los estados de cosas y los estados de ánimo. sÃ, yo debà enunciar esa distopÃa, comentar los lazos con la ciencia ficción, hablar del deux ex machina y la redención del personaje (¿sé está siempre mejor en otro lado?), reflexionar sobre dimensiones paralelas y sus vÃnculos discontinuos, discurrir sobre universos que colisionan.
quizá alguna vez escriba esa reseña.
cuÃdate.
un abrazo.
bruno.
Donnie Darko (2001)












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