Casi siempre el descubrimiento de alguna canción y su intérprete es un asunto del azar, inesperado y con suerte, preciso. Como las radios locales son cada vez más una lástima y hasta ahora no ha asomado a mi currículo amoroso alguien que me regale o me de a conocer algo de música que pudiese considerar medianamente decente, mis encuentros furtivos con la inagotable cantera de sonidos han sido de los más variados, sorpresivos y hasta excitantes en cierta forma, como pequeñas recompensas o golosinas que iban cultivándome y dirigiéndome a alguna parte que aún desconozco. Caótica pero deliciosa forma de aprender y disfrutar.
Muchos de estos encuentros han sido verdaderas estallidos mentales que acompañaban determinada secuencia en una película. Para reírse, otros eran genialidades de algún creativo que las insertaba en un comercial o en el sonido ambiental de algún centro comercial. Y, por supuesto, algunas de las veces eran pequeñas recomendaciones de algunos de esos poco amigos, especie de alcahuetes de la melomanía que se desentendían de las reglas que les imponían terceros y dejaban que tomase contacto con lo que debió ser mío desde hacía mucho. El caso de cómo llegué a conocer este disco y a la chica de la portada que, si no la conocías, de hecho ya te llamó la atención, fue uno de los más extraños, ardorosos podría decirse.
Hace bastante tiempo estábamos unos amigos reunidos alrededor de la clásica pareja de botellas. Y como cualquiera de estas ocasiones lo amerita, nos dejamos llevar por la irresistible tentación del raje, como siempre de inicio moderado y luego de disparos a mansalva. Entre tanto y tanto cambiaban los tópicos y en el momento que nos detuvimos en el de música, uno de mis compañeros mencionó a Alizée. No hubo nada especialmente interesante en sus descripciones y críticas como para que si quiera recordara su nombre hasta que nuestra diversión se vio interrumpida por una chica de baja estatura pero armas tomar. En los pocos instantes que se paró frente a nosotros nos dejó en claro que podría hasta inmolarse por la cantante en cuestión. Su defensa fue tal que tras retirarse a su lugar a tres metros de distancia, me lo pensé bastante antes de continuar la conversa tratando de despedazar a Britney Spears que fue mencionada durante el asunto de Alizée pero ya ni recuerdo como.
L’Alizé
Lo cierto es que el nombre de esta francesita se me quedó grabado en la mente y todavía pasaría un tiempo prudencial antes de que escuchara algo de ella. Era como si el sonido de su nombre antecediera pegajosamente a la música que habría de encontrar. Es como si la convicción de aquella admiradora me hubiese creado toda la fantasía y me dejara solo la cómoda labor de disfrutarla. Toda mi curiosidad se enfrentó a la verdad en determinado momento con Moi… Lolita, esa canción irresistiblemente bailable, que más da si de quinceañero o no, pero que puso mi insipiente “ética” musical de entonces, en un conflicto que ni todas las otras nínfulas de la escena pop de comienzos de esta década habían podido arañar.
Por un momento me pareció hasta divertido que todo el concepto de este disco que vendía a su protagonista como una autentica seguidora de Dolores Haze, despertando a las sensaciones del despertar sexual y sentimental, hubiese funcionado a la perfección conmigo como si fuese el propio recorrido de Humbert Humbert. Había en este disco todo un gran despliegue para crear la bomba de moda entre los adolescentes, una estrella en potencia que era mujer y niña a la vez. Pero aún así había algo muy distinto con respecto a otras criaturas prefabricadas que surgieron como reventadas en los fuegos artificiales del milenio.
Muchos se apuraron a tildarla solo como una simple réplica del mainstream americano, producto de astutos y experimentados ases de la industria fonográfica. Todo eso no es ninguna invención, y es bastante comprobable. Pero este debut te guarda golosinas con sabores más variados que el dulce más empalagoso. No es la ocatava maravilla del pop, pero da la nota justa para encontrar un talento nada despreciable. ¿O es que finalmente reconozco que me sedujo sin remedio?
Lo que me queda claro ahora tras escucharlo completo, es que Gourmandises es un disco por lo menos inteligente dentro del medio en el que surgió, encantador y divertido. Claro que el fantasma de Nabokov le queda holgado, pero Alizee es una cantante de mejor estirpe de lo que se espera habitualmente en los teen idols. Tiene una voz y una apariencia que sabe coquetear en la frontera que separa sus dos edades y sus respectivas inquietudes, jugando y a la vez entregándose en letras bellas, irónicas y dramáticas por momentos. No hay mucho que hacer que replantearse en ocasiones como esta y el abanico de posibilidades que surgen hasta de la aparente intrascendencia. Algo tan diáfano e idílico como repetir un nombre del paladar hasta los labios ..lo- li- ta.
Moi… Lolita
Gourmandises










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