Urban Etiquette: reclamando comprensión por las calles

Como tantos otros usos que se le ha dado al mundo virtual, ya era hora que llegara el que reivindica los llamados a los buenos usos y costumbres de los ciudadanos en medio de los infernales trajines de un día cualquiera. New York es, en este caso, el lugar en el cual se ubican todos [...]



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Como tantos otros usos que se le ha dado al mundo virtual, ya era hora que llegara el que reivindica los llamados a los buenos usos y costumbres de los ciudadanos en medio de los infernales trajines de un día cualquiera. New York es, en este caso, el lugar en el cual se ubican todos los afanes de pulcritud del autor (es) de Urban Etiquette. Se trata de una bitácora con menos de un año de inaugurada pero que se ha ganado rápida atención debido a su forma de institucionalizar las enseñanzas de urbanidad en el formato de un diario no solo estricto sino también quisquilloso hasta el punto de soltar algunos trapitos sucios sobre el comportamiento de muchos en la ciudad que nunca duerme.

Al leer sus todavía escasos pero contundentes posts, podremos conocer que en aquella ciudad, privilegiada por los resguardos del primer mundo y una inmejorable campaña turística, se desarrolla una olla de grillos tan grande como la de cualquier urbe caótica en la cual literalmente la gente hace lo que le place. El cumplido y neurótico redactor es garantía permanente de que todas las aristas del ataque contra el respeto ajeno no serán descuidadas. Lo más delicioso de este blog es que no tiene remilgos en desatarse con quejas que así nomás no leeríamos en cualquier otro medio, a pesar de la lustrosa Times Square o las canciones de Sinatra.

Por ahí conocemos que nunca faltan los grupos de amigos obstruyendo el paso de la gran mayoría que hace cualquier cosa menos pararse a contemplar las vitrinas o los pajaritos; que también abundan los “adorables” ruidosos en los cines y los que van sobre ruedas; que las mascotas ajenas pueden también ser una molestia hasta nauseabunda; que los acalorados varones se den un cómodo paseo sentados en autobús en perjuicio de las embarazadas; y que incluso lo peor que se puede vivir en el mundo de la abundancia es que los barras de los bares se repleten de clientes ya servidos que solo se quedan por algún capricho del momento.

Vistas a la distancia, muchas de sus reclamas pueden resultar afanes innecesarios de algún vecino gruñón más que sus deseadas “vida y quejas citadinas” dichas con estilo. Pero no deja de provocar diversión, el candor de sus momentos bien intencionados, como su ocasional sección de la caballerosidad con algunos ejemplos de que incluso en esa presentación dramática de su ciudad, por ahí asome una llama de breve esperanza de buena conducta. En fin, lo mejor en estos casos de blogs personales es apreciar que tan ingeniosos son los creadores para presenta el tópico de su preferencia, y esta etiqueta urbana pasa la prueba con buena calificación.





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