Confieso que a pesar de haberme desentendido bastante de lo que respecta al universo anime se refiere, nunca me puedo resistir ante el encuentro casual con algún exponente de su variopinta e inacabable fuente. Alguna vez leà que la materia prima de esta especialidad, es decir el manga, estaba tan difundido entre los jóvenes de Japón, como el garage rock entre los de Estados Unidos. Tal deporte nacional se expandió hace mucho por el mundo entregándonos una inabarcable colección de populares personajes siniestros o adorables algunos, enamoradizos y picaros no pocos. Se puede decir que con todas sus rocambolescas gestas, el buen Goku tiene un poco de todo esto.
También debo decir que no fui arduo seguidor de sus cuitas. Y es que, aunque para la época en que hizo su primera aparición internacional yo vivÃa en el éxtasis de las novedades animadas, se tuvo que esperar el lento proceso de doblajes y demás requisitos de las señales abiertas para que asomara el saiyajin y su legión. Para cuando su trip intergaláctico y marcial en Dragon Ball hizo por fin su arribo durante los 90, andaba con mi adolescencia más revuelta en los discos y las pelÃculas por sobre todo. DifÃcilmente me tragarÃa mucho de su encanto inocente, asà viniera precedida de comentarios sobre su escalada violentista. Aún asÃ, de lo que si fui testigo por mucho tiempo fue del gran fantatismo que provocaba. Dudo que por ese lado esta serie haya tenido un mayor rival, incluso con la avalancha de pokemones de fin de siglo. Con tal arrastre, era imposible que no llegara a verlo tarde o temprano.
Mi primera reacción fue la de sentirme un tanto consternado, no porque me chocaran sus referencias sexuales o adultas (debo reconocer que detrás de todo lo naif, el show tiene una premisa perturbadora). Lo que me hizo sentarme un momento y recapacitar era en como todos mis afectos con al fiebre anime quedaban bastante rezagados con respecto a lo que mostraba tal show. Una especie de historia mesiánica dando vueltas por su protagonista como en el esquema de Star Wars, solo que más desenfadado y hasta cruel. Por todos lados encontrabas aliados y enemigos de diversos tamaños y especies, pero que no le hacÃan gestos de terror a la lucha cuerpo a cuerpo como especie de parodias del aparentemente inofensivo Kwai Chang Caine.
Tal tradición tenÃa larga data en la mitologÃa oriental y esta creación de Akira Toriyama lo reprocesa una vez más con éxito. De ello dan cuenta las continuas secuelas: Dragon Ball Z, Dragon Ball GT. Un puñado de versiones para el cine y hasta algún show en vivo, confirman la magnitud de su kame hame ha. Asà era como Goku cumplÃa con su misión de ir cultivando su poder a cada reto que enfrentaba. CorrÃan por ahà su sicalÃptico maestro Rochi; sus socios Krilin y Bulma; sus indecisos enemigos Piccolo y Vegeta; y posteriormente su pequeño vástago Gohan, quien lo acompañará en su transformación como el super saiyajin de los cabellos fosforescentes.
De todos los episodios que contemplé, no muchos como hubiese querido en realidad, recuerdo especialmente el largÃsimo combate entre el héroe y el poderoso Freeza en el planeta Namekusei, cuando están a punto de completarse las esferas del dragón. Siempre se me quedó toda la impresión de estar contemplando alguno de esos concursos de veredicto emocionante. Por un momento pude concederle también mi voto a este personaje de extravagante peinado pero buena onda, aún con toda la maldición que le pesa encima como karma. ¿Cómo no se va a sentir identificado un adolescente con él?
Dragon Ball (Intro)
Goku vs. Freeza











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