Traffic Sound fue un grupo estupendo, una reunión de talentos como muy pocos que se hayan dado en el medio peruano. Fueron probablemente los representantes más notables de aquella generación que en determinado momento se desentendió de las tardías modas que todavía dominaban el espectro latinoamericano con melodías que todavía rendían tributo a los ritmos que en el resto del mundo eran cosa del pasado. Eran fines de los 60 y la movida musical y social de los jóvenes se decantaba por el frenetismo de la cultura hippie a la cual ni los bien vestidos The Beatles podían decirle que no. Tal era de vehemente experimentación fue la que vivieron y reprocesaron Manuel Sanguineti, Jean Pierre Magnet y sus compañeros, quienes al parecer ya no tenían ganas de ver los inocentones bailecitos, de esos que te contaban las tías. A bailar Go Go fue el manifiesto de cachoso título con el cual se dieron a conocer localmente, pero fue sin duda Virgin el que marcó rápida distancia entre la banda de tributos y la banda en proyección.

Escucharlo casi cuarenta años después, es una constatación de que Traffic Sound fue un grupo de absoluta vanguardia. En este disco se deja sentir a plenitud sus experimentos con el rock psicodélico y ritmos jazzeros o latinos que habrían de ser su sello distintivo a pesar de la corta vida de la banda. Oírlos hace apenas unos años fue toda una revelación, probablemente caer en cuenta en el estado virgen en el cual me mantuve con respecto a ese momento perdido o más bien cortado en el tiempo y las circunstancias. Por aquellos años sonaban bandas tan buenas como Laghonia o Telegraph Avenue, afirmando sin remilgos en cada canción que el rock debía sonar en inglés.

Virgin

Virgin me causa sensaciones tan diversas como los trips que te propone. Pueden ser un disco que se remite sin problemas a lo pancahguero o festivo pero también a lo más tétrico y sentimental. Lo más representativo debe ser cuando Traffic Sound se deja sentir como una orquesta, como un ambicioso proyecto que pasa por la ligereza a la pasada de vueltas de los himnos pro hippies adaptados al contexto diverso del Perú, que en ese momento vivía momentos de cambios radicales a nivel político y social. Ahí están las complejas y oscuras armonías de Jews Caboose, o la inmortal Meshkalina esa canción que se conservó sonando como la eterna advertencia de ese mundo entre real y un paso más allá. La ilusión extravagante de una utópica integración con los signos grabados en el crisol de contrastes que entonces era y sigue siendo su país.


Yawar Huaca wonder why he was high once,
Raped the witch and killed the wild Ayarmacas,
Let me down meshkalina,
Let me down meshkalina

Full of bull he was, oh God let me tell you,
Spread the weed one day, all over his empire,
Let me down meshkalina,
Let me down meshkalina

 

A comienzos de los 70, Traffic Sound y varias otras bandas se despidieron casi al unísono. Mucho de su fascinante afán transgresor se perdió durante los años siguientes, tal vez arrinconado ante otros imperativos. Desde entonces el culto que generan se mantiene y continúa creciendo de la misma manera: por la vía alternativa. Eso lo demuestra la gran expectativa que generan sus ocasionales reencuentros. Ahí se dejan oír voces de los chicos de aquel entonces, pero también de los que nos hemos imaginado mil y un posibilidades con su música. Tal vez ese habría sido el sueño en conjunto de estos creadores que alguna vez se deben haber puesto a pensar ¿Cómo sería la música en el Perú del nuevo siglo?

Meshkalina

Simple

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