Belle de Jour: un secreto para no guardar celosamente
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por
Jorge Esponda
Gran conmoción causó en Gran Bretaña el diario The Guardian cuando en 2003 premió entre la breve nación blogger de ese momento, a esta bitácora que desde aquel año se dedica a narrarnos las experiencias de una prostituta que se coronaba así misma con el cinematográfico nombre de la heroína etérea de Catherine Deneuve. Desde entonces la pregunta y estrategia fue establecida para el estrellato ¿De quién se trataba realmente?
Belle de Jour se ha convertido desde entonces en uno de los éxitos más apabullantes dentro de los blogs personales. A cada nuevo post muchos podían saborear gratuitamente todas las fantasías bien sazonadas entre la crónica o la divagación más divertida. Por momentos esta bella imaginada es irónica y juguetona como con cualquier cliente, pero en otros se dedica a revelarnos ese costado desencantado que caracteriza el día a día en el eterno plan del gana pan. Todo siempre redactado pulcramente como si hasta hubiese asumido esas labores extra oficiales solo para poder alimentar vocaciones literarias.
Es tal vez por ello que entre las dudas acerca de si Belle era o no una autentica prostituta, las miradas se dirigieron además hacia el gremio de la pluma. Periodistas y críticos como Sarah Champion y Toby Young; y la novelista Isabel Wolff, estuvieron entre los señalados. Todos ellos lo negaron. Fue ahí cuando las voces más sensatas vieron más bien una especie de proyecto de más de un literato en ciernes en busca de la oportunidad negadas por las editoriales tradicionales, al puro estilo de J.T. Leroy o la tan popular Diablo Cody.
Algo que pareció corroborarse con la salida del libro de Belle de Jour y más recientemente de Secret Diary, la versión dramatizada de sus aventuras en formato de teleserie. Todo parece confirmar que la manera alternativa de llamar la atención ha vuelto a dar resultado y por supuesto generando las voces contradictorias de protesta y disfrute.
Hecha la apuesta ganadora, la todavía anónima mano debe de estar complacida de ser muy consecuente con su propia creación. A su manera, la mecánica de teaser ha funcionado a la perfección y no solo como su esquema de relato de episodios. Ya no importa si es o no una autobiografía en curso. Lector y escritor han entablado esa relación cliente – vendedor de la cual el primero se puede dar por bien pagado.



