La historia presidencial en el cine norteamericano
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por
Jorge Esponda
Como cualquier otro personaje de su historia democrática, los presidentes han sido muchas veces visitados por el cine estadounidense. Es decir, los que en verdad existieron y adornan los billetes verdes, los demas se acumulan en una legión todavía más amplia. Desde los fundadores Washington o Adams, pasando por Lincoln y Grant, quienes -como personajes- alcanzaron el pináculo de su fama durante la Guerra de Secesión. Y por supuesto los más característicos mandatarios que forjaron el expansionismo internacional del país en el siglo XX y lo que va de este. Acá aparecen caracterizados de diversa forma e intención algunos de ellos:
Thomas Jefferson (Jefferson in Paris, 1994): El padre de la patria por excelencia. El corpulento Nick Nolte se presta aquí para una operación paradójica. La de convertir a ese ser de imponente presencia en uno sensible y necesitado de afectos que no puede quedarse monolítico ante la tentación de la carne, y por que no del amor. ¡Tenía que ser Paris!
Abraham Lincoln (Young Mr. Lincoln, 1939): El personaje que en si mismo se convirtió en el símbolo de la integridad, de las reformas sociales y el progreso. Todo un abrupto proceso del que no salió con vida. Pero el buen Abe estaba acostumbrado a pelear desde que nació. Henry Fonda inolvidable en esta hermosa película de John Ford.
Theodore Roosevelt (The Wind and the Lion, 1975): El oso americano. Muchos imaginan que los afanes de conquista surgieron recién en los últimos años. Hace un siglo el popular Teddy ya sacudía las zarpas y gruñía a todos los que encontraba a su paso. Incluso en esta película aparece queriendo cambiar el animal del escudo patrio. Nada de pajarracos, USA es la nación de los plantígrados de pisadas potentes.
John F. Kennedy (Thirteen Days, 2000): Cien años después se repitió la historia. Volvió ha aparecer alguien que provocó la polarización tan solo por sus discursos y afanes integradores. Pero esta vez la guerra civil se desarrolló en forma distinta. Una cosnpiración y el clásico “aquí no pasó nada” derivó en la frustración generacional divagando entre trips y ombliguismos.
Richard Nixon (Nixon, 1995):Tal vez el retrato más siniestro del frenesí social provocado en la era post Kennedy, la representó bien su eterno segundón en las encuestas. El Richard de este film no es el de Shakespeare pero lo parece, vive en su mortecino palacio con la conciencia menos tranquila que la de sus satisfechos padrinos.
George W. Bush (W, 2008): Si el reinado de Nixon era de por sí tenebroso. El de este otro aún esperará que los libros de historia lo definan con nuevos adjetivos. A la vista de muchos, esta historia debe ser todavía más inquietente puesto que al menos el hombre de Watergate parecía conciente de su camino al infierno. La pregunta del millón es para todos nosotros ¿Qué es lo que había en la cabeza de W? Una incógnita que esta sola letra representa muy bien.



