Stereolab debe ser una de las bandas que mejor resume la era de los reciclajes sonoros que caracterizaron a buena parte de los 90. Pero su caso es a la vez intrépido, lúcido y fresco, como a veces también puede resultar el ejercicio más pretencioso, al menos al contacto de las barrocas construcciones de sus melodías, estilo al cual se han mantenido fieles con terquedad. Satisfechos de tener a una camada de seguidores que los han sabido saborear en todas sus etapas y fumadas. Tim Gane y Laetitia Sadier -líderes del grupo y pareja hasta hace unos años- son tan raros y talentosos que son capaces de concebir -dentro de esa onda etérea, retro, clásica, avant garde, y mucho más- dos resultados sin excepción: sinfonías pretenciosas o tonadas que no disimulan su inclinación poppy. Pero ninguna de ellas ajena al estilo y espíritu experimental del grupo británico-frances.

Alguna vez escuché que no existe una banda más posera que esta. Ello no deja de ser verdad, pero su originalidad resiste cualquiera de sus arriesgadas acrobacias. Sin dejar de ser radical como la mayoría de sus discos, el Emperor Tomato Ketchup debe ser uno de los más accesibles en su haber. No es casual que fuera también el que más suceso tuvo y que de alguna manera definió su marca a mediados de la década pasada. La primera vez que lo oí –no hace mucho tiempo la verdad- me pareció la música más colorida del mundo, si es que cabe la expresión. Un cruce nada tímido de sonidos electrónicos, con acordes que a su modo resumen diversas épocas y nacionalidades revueltas en un cóctel arty, que como pocos era efectivo e identificable. Estos geeks y hasta nerds se deben saber –a mucho orgullo- todas y cada una de la música lounge, el jazz y la bossa, como el rock, pop y electrónica que los nutrió en su entorno. De hecho que la receta tiene mucho de ketchup pero embadurnado en una ensalada de frutas.

Les Yper-Sounds

El tema del acertado título va también a la par que con los versos de ideología socialista y política que los rodeó de alguna controversia. Pero incluso ellos están dando vueltas en un diseño tan caprichoso como fascinante que se ríe de la etiqueta. Basta con oír la repetición autómata de Metronomic Underground o la ironía de Slow Fast Hazel. Pero Stereolab está lejos de ser solo una banda de virtuosismos y artificiales discursos. Tal vez los momentos más impactantes de este disco genial se encuentran cuando la voz de Laetitia se desata con peculiar encanto, con fuerza pero también coqueteando con lo naif, como en la hermosa Cybele’s Reverie:

la niñez es muy bella
la niñez trae magia

¿que hacer cuando uno ha hecho todo?
¿leer lo todo, beberlo todo, comérselo todo?
darlo todo de verdad y con detalles
¿Cuando uno ha gritado en todos los techos,
llorado y reído en las ciudades y en el campo?

la niñez es lo más real,
el jardín de nuevas visiones

La música de Stereolab puede un pretexto para crear ese tipo de sectas que se hacen odiosas de arranque, pero también es una oportunidad de corroborar el hecho fehaciente que todavía no hay capítulos cerrados en esta exploración, tan cambiante como los tiempos, las modas, y los regimenes. De alguna manera el doble sentido de muchas letras suyas dejan que pensar sobre lo que significa para ellos el orden y el caos, lo mismo se puede decir de su arte. Y que viva este emperador.

Oringinalmente este montaje fue puesto para servir a la sociedad
ahora los roles se han invertido
que quieren que la sociedad sirva a esta institución

Cybele’s Reverie

The Noise of Carpet

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