Si la tragedia no la hubiese alcanzado tan rápido como el oropel de la fama y el exito, Jean Seberg estaría cumpliendo 70 años hoy. La actriz tan identificada por el cine francés y toda su órbita, fue en realidad nortemericana. Ciertamente, antes de que Jean-Luc Godard la inmortalizara en paseos parisinos con Jean-Paul Belmondo, Jean había protagonizado dos películas en Hollywood apenas de ser descubierta por Otto Preminger. Saint Joan y Bonjour tristesse, eran películas de ritmo y sabor especialmente europeo tanto como el director austiaco se permitió. Destaca especialmente la segunda que es una versión extraordinaria de la novela de Françoise Sagan. Por ahí se insinuaba ese aire fatal y sinuosamente melancólico que labró mejor la fama de la actriz que su turbulenta vida sentimental. Pudo convertirse en una actriz en serio, pues tenía a los directores de prestigio siempre detrás de ella. Prefirió en cambio, si tomarse en serio la influencia del viejo continente y pasó su corta vida entre la bohemia -intelectual o no- que la rodeaba desde antes de los veinte años. De alguna manera Patricia, la chica revoltosa que le seguía el juego al peligro se convertía en su marca perfecta, con un gesto a boca cerrada, el último suspiro en la pantalla.

Bonjour tristesse (1958)

A bout de souffle (1960)

Lilith (1964)

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