Take It to the Limit de Hinder: En la frontera del hartazgo
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Jorge Esponda
No cabe duda que por más atomizadas que se encuentren las tendencias musicales del momento, todavía se pueden encontrar fórmulas o recetas perfectas, esas que no caducan aunque pase el tiempo y que se mantienen persistentes como el oleaje. Todo esto dicho sin ningún afán de elogio, valga la aclaración. Los ases del mainstream saben en el fondo que por más que algún inesperado cabecilla ancle por algún tiempo, este tendrá que retirarse en algún momento para dejar pasar la marea en subida. Esa que si la oímos con optimismo, podemos catalogarla solo como sonido de exploración para los consumidores fáciles pero radicales que hemos sido todos en algún momento.
Hinder es una banda que ejemplifica perfectamente lo dicho aunque esto no la vaya a volver precisamente en “clásica”. Estos chicos de Oklahoma apostaron a lo seguro y van cosechando rápidamente lo poco que les puede durar la fortuna. ¿El atajo?, el de siempre: sexo, drogas y rock ‘n’ roll -bueno, drogas no tanto como para espantar a los padres. Pero aquel dogma sencillo y brutal conoce con esta banda -y varias otras- su sentencia más estrepitosa, desinflada y hasta tediosa. Take It to the Limit es su segundo encontronazo con este post rock disfrazado con más gentileza que los seminales pioneros.
No he escuchado alguna banda tan previsible como esta, acaso desde la época de Creed o los padrinos ochenteros de ambos como Mötley Crüe y Poison, ambos tributarios light de los sonidos de Van Halen. Sin complicarse en mucho Austin Winkler y sus camaradas toman un poco de los sonidos más vendibles que siguieron a las eras del metal y del grunge, intentando manejar una imagen glamorizada a lo Sugar Ray, y simplemente siguiéndole el juego a esa natural búsqueda del placer y nada más, como cualquier adolescente que sale de un trance amoroso o de una maratónica juerga –los dos obvios temas de todas sus canciones.
Algo de lo que todavía me sigo riendo es de aquellas bandas que solían vestirse como temibles cavernarios del show business para terminar cantando un pop pegajoso, una combinación efectiva pero efímera como el pop corn. Luego de ello dudo mucho que alguien pudiera quitarse la desconcertante impresión, así la banda arremetiera con más dureza en el resto de sus canciones. Digamos que –aunque adaptados a la generación z- los chicos de Hinder son sus deseados descendientes. No desesperemos, puede ser que pronto haya un límite para esto, siempre sucede.
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