Juan Marsé gana el Premio Cervantes 2008
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por
Jorge Esponda
Uno de los más característicos escritores catalanes ha sido el destinatario del Premio Cervantes de este año. Marsé -el autor de La oscura historia de la prima Montse, El amante bilingüe, y El embrujo de Shanghai- hizo como Serrat, que las playas, callejuelas, y demás espacios de su querida Barcelona se confundan dentro de las extrañas búsquedas de sus personajes en cierta forma, tratando de evitar esa realidad oscura y de necesaria reserva en la postguerra. El misterio y la acción no están reñidos para nada en este universo:
El enorme bulldog, de un lustroso color avellana, abandonó la alfombra donde yacía y salió del estudio sin dignarse mirar a su amo. Poco después, cuando Luys Ros introduce la primera falacia en la redacción de sus memorias, apenas considera el hecho como una simple licencia poética, un personal ajuste de cuentas con el pasado que no cesa de importunar. Pero ese detalle trivial, la alteración de la fecha en que dejó de usar el fino y bien recortado bigote (1957, que tachó con la pluma para anotar 1942) provocaría en el texto una reacción en cadena de imprevisibles consecuencias. Encerrado en su retiro de la playa, en esta casa donde aprendía a aceptar con indiferencia su soledad, la muerte repentina de su mujer y el desprecio de sus hijos, empezó a torturar los folios mecanografiados mediante tachaduras y notas al margen. Arrepentirse de algo es modificar el pasado, pensó. Podría encabezar el capítulo sexto como epígrafe.




