El juego de la modernidad manda que todos aquellos que retoman las recetas el pasado serán medidos de acuerdo a que tan hábiles sean para darle la vuelta, crear una vanguardia o por lo menos una idea fresca que no tiene por que ser contradictoria con las tendencias más populares o masivas. La palabra hype se repite más ahora que nunca, mientras las propuestas se atomizan en el horizonte. Al escuchar a un grupo como The All-American Rejects puede uno percatarse hasta que punto, el ser o no ser parte de una determinada postura, ética si se quiere, es lo de menos cuando tal vez la falta de ambición sea la mejor guía de tu intuición.

Con When the World Comes Down, este cuarteto de Oklahoma parece no querer oír nada sobre aquello que llaman “perspectivas mayores”, o “maduración de estilo”. Si algo de lo que la hornada emo permite en estos días, es que cualquier despreocupado se ponga su insignia y haga de su aparente rebeldía, el mismo relajo que ha caracterizado a todas las demás generaciones que no gozaban del ipod, o de las virtudes tecnológicas que permiten a los fans estar siguiendo paso a paso la chamba y las cochinaditas detrás de la preparación de los nuevos hits. La muchachada que toneó con Swing, Swing y Move Along puede estar satisfecha con ello.

the-all-american-rejects

No esperen más profundidad en estas doce canciones, que las que pueden tener dos púberes haciendo alarde de su currículo amoroso. De hecho la banda parece más esmerada en la elaboración y campaña de lanzamiento de sus videos en los que Tyson Ritter siempre luce más con vocación histriónica que otra cosa. Pero dentro de sus limitaciones no puedo dejar de reconocer un acabado instrumental un tanto más interesante (no menos se puede esperar teniendo a zorro como Eric Valentine en la producción). Así es como entre sus pegajosas tonadas se dejan oír arreglos hipnóticos como el arranque wave de Fallin’ Apart o Real World.

Hay un momento en especial que me hizo repetir el disco más de dos veces, ese fue The Wind Blows, una melodía extraña dentro del resto del disco y que me transportó de inmediato hacia los sonidos ochenteros que parecen confirmarse en la memoria de todos estos nacidos en aquella época. Dicen que la actual es una generación ecléctica. No creo que lo sea más que las que la antecedieron, pero si puedo reconocer que si hay un revival ese es el de la referencia a la cultura arribista que proponía Reagan. Basta con escuchar la cachosa Gives You Hell, para estar al tanto de que a estos rechazados de toda América, les viene y va si el mundo se viene abajo. ¿Esta eso bien o mal? Júzguenlo ustedes.

Gives You Hell

Fallin’ Apart

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