The Knux

Dentro de todos los grupos hip hoperos que están saliendo últimamente no hay mucha comunión salvo por un solo precepto: el vale todo. Esto es de lo que se encargan de radicalizar The Knux con este disco debut, tal vez uno de los más ágiles y eclécticos que se hayan escuchado este último año. Este dúo de hermanos decididos a entregarse a las grandes ligas desde que se vieron desplazados de su oriunda New Orleáns hace un tiempo. Remind Me In 3 Days… es un producto estudioso que no se intimida por lucir un lado nerdy en un medio en el que, como en la calle, el gesto bravucón significa todo.

Nos encontramos aquí ante un cóctel de referencias que toman las comunes alusiones a los barrios bajos, los pases de drogas, las peleas de pandillas, y las noches calentonas en los clubes repletos de gangsters, para acomodarlos a gustos más amplios que solo los tempos rimados. Guitarras rockeras, flirteos con el electronic dance, el wave, y cierto homenaje más directo a Prodigy o Depeche Mode. De todo ese aire postmoderno pasamos revista en cada track, cada uno con su propia dirección. El asunto del revival parece abandonar al espectro germinal del punk y similares. Nuevamente: aquí vale todo.

Podemos imaginar que pueden decir de todo esto los pioneros o puristas del rap. Run DMC, Public Enemy o Ice T, aquellos que bregaron por conseguirle un espacio a esa expresión del arrebato, a esa crónica de lo inmediato, al ritmo de la bruta y contundente poesía “antiestética”. Si no existiera todo esa descendencia bastarda que ha trivializado la consigna en las esferas del mainstream, probablemente se estarían rasgando las vestiduras. Si hay algo que agradecerle a los chicos de The Knux es que dentro de este apartado invadido por el facilismo y las repeticiones de poses malandras, saben encontrarle un sentido lúdico, divertido y no poco interesante a sus juegos de vanguardia. Prefiero en estos momento estas “auto concientes piezas de la calle” que la decadencia de sus coetáneos. Mientras esperamos que el hip hop recupere siquiera parte de su esencia seminal, podemos hacer de esta vertiente intelectual, un motivo de fiesta. Para concluir: aquí vale todo.

Bang! Bang!

Cappuccino

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