Mal haríamos en decir que los empeños por separado de los integrantes de The Strokes solo son un preparativo para su esperado nuevo album. Al menos esta última temporada no es una especie de vacaciones y relajo de la profesión a la luz de las experiencias alternas de Albert Hammond Jr, y Fabrizio Moretti. Hammond es más virtuoso y prolífico. Moretti por su parte se ha tomado su tiempo para darnos a conocer esta banda armada con tranquilidad y confianza al lado de su novia Binki Shapiro, y su compatriota Rodrigo Amarante quien es líder de Los hermanos, su banda matriz en Río de Janeiro y que también se encuentra puesta en reposo para liberar las inquietudes experimentales de su vocalista.

Little Joy es un pequeño hallazgo, una aireado despliegue de sonidos en los que se impone –o más bien delata- todo una atmósfera suave y tropical, estudiada y ejecutada a placer. Para los que quieran rastrear algo del frenetismo y velocidad que Moretti le imprime a la percusión, tendrán que desengañarse rápidamente. La batería tiene el tempo del soul y el ritmo le sigue el juego a la bossa, y a los aires hawaianos. Si asumes con serenidad las sugerencias de este disco solar, puedes darte por bien pagado. Little Joy es un disfrute total un disco que se complace en su sencillez, en su condición de voz bajita y seductora.

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Se puede imaginar a estos gestores asumiendo sin prejuicios todos sus gustos o fantasías mientras sus conjuntos se la peleaban en la pugna de la popularidad. En este disco hecho con verdadero placer y sin presiones, estos brasileros se hacen cómplices de una mutua fantasía. Moretti agarra la guitarra sin querer dárselas de algún osado o postergado rey de las cuerdas. Se mimetiza con el conjunto, mientras Amarante se la pega de cantando en inglés al punto de sonar como el propio Julian Casablancas, pero pasado a cantante melódico. Binki termina haciendo el resto con la delicadeza de alguna cantante folk de los 60.

La cautivadora galería de sonidos de este debut podría recomendarla para un domingo perfecto, sin nubes pero tampoco para un calor sofocante que te impida hacer más que solo abanicarte. Esta pequeña alegría será modesta pero precisa para generarte la inquietud suficiente como para salir a darte de abrazos o un remojón marino (suerte la nuestra que el disco nos cogió en verano). Aunque es temprano para decirlo, este parece un experimento de una sola probada. Esperemos que tras la experiencia Fabrizio y sus compañeros descubran la fórmula para extender esta alegría que por ello mismo es necesariamente efímera. A la escucha de canciones tan buenas como With Strangers o Keep Me In Mind, podemos dar nuestro voto por ello.

No One’s Better Sake

Keep Me In Mind

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