Devotion de Beach House: Nuestro lugar secreto
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por
Jorge Esponda

Uno de los últimos gustos que me pude dar el pasado fin de año fue el descubrir a este dúo de Baltimore. Ya se que este segundo disco salió hace varios meses -en verdad se acerca al año- pero que le puedo hacer. Quiero creer que con ellos se cumple fácilmente lo que sucede con otros exponentes de un universo sutil y evocador: que no hay tiempo en el cual ese toque etéreo disminuya sus posibilidades para ser descubierto mientras las modas pasan una tras otra. Victoria Legrand y Alex Scally hacen de la poética freak, y hasta militante, un sello indistinguible que se deja llevar por sus melodía suaves como los ecos de un antiguo ballroom a la distancia, pero que fácilmente pueden lindar con lo tenebroso.

No encuentro ningún disco de ese ritmo tan seductor en lo que he tenido oportunidad de oír del año que pasó. Devotion, ha sido un hallazgo para la gran mayoría de melómanos a los que el primer álbum se les pasó desapercibido. Pero con esa ausencia me formo algunas ideas sobre ellos, como que sus exploraciones melódicas tienen el sabor de lo intrigante como el de la chica que te convence con susurros y una aparente indiferencia. Un aire melindroso que tal vez tenga su justa expresión desde el nombre. Creo que no he escuchado de algún grupo al cual le vaya también puesto con su música. Esta casa en el paisaje marino se guarda secretos, alimenta tu curiosidad a cada canción, y te crea horizonte tan sereno y discretamente exótico como lo puede ser una playa en las templadas costas de Maryland.
En esa sola imagen se basa casi todo lo que nos presentan en este álbum matizado y no poco ambiguo. La voz de Victoria y la modulación que le aplica son fundamentales en el efecto que imprime cada tema, y a su vez delatan una educación formal indiscutible (es sobrina del compositor francés Michel Legrand). Ello fue lo primero que me sedujo de Gila, esa canción bellísima y tétrica a la vez. Al ir escuchando más de ellos lo único que hice fue confirmar que estos dos se traen algo tan preciso e íntimo, que realmente podría serles perjudicial el llegar a ser mucho más masivos (dicho esto sin ánimo de andar repitiendo la típica ante los hallazgos indie). Este lugar común en realidad no lo es tanto para ellos en particular. Es un espacio cercado por las dosis exactas de naturalidad y artificio: una casa de playa.


