Ray Guns Are Not Just the Future de The Bird and the Bee: Esto no es ciencia ficción
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por
Jorge Esponda

No es que sea especialmente un fanático, pero hay algo dentro la música lounge y el electro pop más ingenuo que no se puede evitar asociar a un trip. Debe ser producto de innumerables referentes visuales que las acompañan: una sitcom de antaño o alguna réplica suya con los colores saturados; gestos y poses que simulan cortesía con tal exageración que más bien parecen burlas de esta; y en todo un universo psicodélico al cual no le costó ningún esfuerzo emparentarse con el jazz, la bossa, y otros sonidos aparentemente más relajados. Todo ello es inspirador en gran parte del proyecto de cierto dúo, de un pájaro y un abeja.
Greg Kurstin es un tipo que goza de cierto respeto en la industria aún cuando a cada proyecto en el que se involucra como productor o intérprete nos deje saber lo bien asimilado que se encuentra por esta y por los sonidos más asequibles. Esto último no tiene porque ser un defecto ni mucho menos, pero es un factor que condiciona a muchos artista a mantener una carrera irregular y dispersa. Intentando dar rienda suelta a sus aficiones adaptable, un buen día se juntó con la cantante y también compositora Inara George y armaron un proyecto basado en ese culto por los ritmos naif que al parecer compartían.
The Bird and the Bee es un dúo curioso para ser de donde viene. Manejan con buen conocimiento todo esos estilos musicales light y pegajosos que inspiraran vanguardistas laberintos sónicos a cargo de Stereolab o convencionales tonadas de club a lo Fantastic Plastic Machine. Ray Guns Are Not Just Future es un divertido punto medio entre estas, aunque a decir verdad la distancia con la banda inglesa es mucho más sideral, siendo generosos. Kurstin y su musa se dejan oír y ver como amplios conocedores (aunque Inara suena más de lo deseable a Lily Allen), pero no necesariamente ese manejo conceptual deviene en resultados equiparables. Este segundo larga duración que lanzan deja claras no pocas pretensiones, aunque todo el tiempo te canten a los primeros amores y a ese vecindario utópico que mencionaba al comienzo.
Su meta más obvia, para cuando ya escuchaste la mitad, es el hacer una réplica del pop europeo con los escandinavos The Cardigans como objetivo principal. Tal vez se imaginan una carrera labrada “a la inversa” como estos, con el oriente haciendo de sus tonadas de acompañamiento toda una seguidilla de hits. De hecho acá no se privan de mandar una carta de amor a Japón. Pero con todo ese aire menor, no se escapa uno de un indescriptible deleite ante la escucha de esta especie de compilatorio de sonidos elegantes. Solo por eso lo rotaré estas pistola de rayos por un buen rato más este verano, aún cuando no hagan el futuro.
Love Letter to Japan
My Love




[...] hecho con el oficio que caracteriza a esta inquieta rebuscadora de sonidos cuando se junta a con Greg Kurstin. Un pretendido paso adelante en el cual pasan revista, con más ahínco, a los sonidos [...]