The ting tings – We started nothing
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por
bruno docampo
Con la cantidad promedio de discos que aparece en sólo un año, posiblemente tendríamos música para escuchar ininterrumpidamente hasta morir. Ok, tal vez exagero. Pero lo cierto es que en medio de esa gigantesca marea que es la oferta de la música pop actual no es raro encontrar decenas (quizá cientos) de bandas que suenan bien, que hacen un disco genial y que probablemente nadie recordará en unos años.
Si es que no sacan un segundo álbum.
Este es el caso de The Ting Tings.
Con We started nothing, el dúo conformado por Jules de Martino y Katie White puso sobre la mesa esa vieja discusión de las fórmulas para hacer un disco brillante sin romper los moldes a los que su música remite. Por supuesto, no creo que sea del todo cierto. Si me preguntaran por qué me gusta una banda como The Ting Tings yo respondería siempre lo mismo: por su conchudez. Porque es verdad: estos británicos no están inventando la receta perfecta para hacerte bailar hasta el cansancio y mucho menos para darse el lujo, a meses del lanzamiento de su álbum debut, de seguir colocando singles en nuestros reproductores. Y, sin embargo, hay en el We started nothing el desparpajo necesario para apropiarse impunemente de recursos a los que otros ya han echado mano sin mayores pretensiones que la de sonar bien.
Una efectividad sin efectismos.
Los Ting Tings no son parte de alguna indagación musical concebida en aulas universitarias –como Vampire Weekend–, tampoco liberan cinismo a raudales dentro de la industria –como MGMT–, todos ellos hypes en regla. Más bien, tanto White como de Martino provienen de grupos de teen pop que alborotaron la escena inglesa durante los noventa. Y si a eso le añadimos lo licencioso de su propuesta y su proximidad a la gran industria (varias de sus canciones han acompañado publicidad de Apple, por ejemplo), es previsible que los guardianes de la originalidad y la independencia expresen su desconfianza frente a la banda.
White y de Martino parecen no tomarse en serio esas críticas, como tampoco los halagos de la prensa musical que los convirtió durante el 2008 en los niños mimados del beat pop en la isla. Son conscientes de no haber comenzado nada, como ellos mismos aceptan con el título de su LP. Pero sí que han sabido continuar con la vieja tradición británica de hacer canciones pop que tienen como escenario natural la pista de baile.
Y aunque a ratos la White parezca una combinación ambigua entre Blondie y Madonna, yo tengo para mí que la dupla ha sabido hacerse de un espacio, y en él ha liberado esa indefinible capacidad de desencadenar el desenfreno con melodías contagiosas, con estribillos que vuelven a tu cabeza (y a tus pies) interminablemente. Pero también para invocar una nostalgia furtiva.
We started nothing deja entrever la arrolladora complicidad de quien arma canciones con materiales sencillos pero de un ritmo infalible. ¿O es que acaso no resulta sorprendente que el escandalosamente simple estribillo de That’s no my name, para no mencionar el boys and girls de Great DJ, haya puesto a todo mundo a mover los pies? Como dicen por ahí, probablemente nadie los recuerde en unos años –todo dependerá del segundo disco–, pero con canciones como Be the one o Traffic Lights me doy por bien pagado.
Shut up and let me go
Be the one






