Hace como seis años intercambié algunos mails con Santiago Roncagliolo. Aún no era famoso ni nada de eso. Acababa de llegar a España (creo) y, a pesar de haber publicado ya algunos libros, su único conocido era “Pudor“. Su consigna era convertirse en escritor y parecía dispuesto a hacer de todo por lograrlo. Desde aquellos días no me ha sido difícil seguir su obra. Lo leía en su desaparecido blog del Boomeran(g), también seguí las pistas que le dejaban al fiscal Félix Chacaltana en Abril Rojo, leí Crecer es un Oficio Triste y apenas pude terminar con el fallido reportaje sobre Abimael Guzmán.

El resultado del conjunto de su obra, a pesar de los altibajos, era esperanzador. Supe que los españoles y hermanos Ulloa llevaron al cine “Pudor”, aquella novela chiquita ambientada en los recovecos de la residencial San Felipe. Apenas vi el trailer y no la reconocí en el paisaje y dejo españoles. Cosas del cine. En todo caso, Pudor me descubrió un nuevo y buen narrador. Recuerdo que en esa época la mayor critica que le hacíamos a su novela era lo tomado “prestado” de la tele gringa, aquella secuencialidad tipo sitcoms. Después de eso era un buen libro, chiquito, con historias y personajes entrañables que deambulaban en su soledad por Lima.

Se trataba de una buena aparición la de Roncagliolo, que antes de ese libro ya había publicado algunos libros para niños.

Luego viajó, trabajó de todo un poco en España, pero sobre todo escribía. Hasta que ganó el Alfaguara con Abril Rojo y la historia desde ahí es un poco más conocida. El libro se convirtió en un éxito de ventas (aunque eso siempre es mucho decir) en España y en el Perú. Después, un diario español le encargó un libro sobre Abimael Guzmán, el líder de la agrupación terrorista Sendero Luminoso, el cual hizo con la mínima “rigurosidad” requerida. El libro desató un polémica entre los peruanos. Comparar a Abimael con Luke Skywalker es solo un ejemplo de lo superficial que resulto el informe, además de algunos (varios) datos errados. Quedó claro que Roncagliolo ese libro no lo escribió para Perú, sino para los españoles.

Pienso que es el libro que él quisiera que no existiera.

Hasta que llegó Memorias de una dama, su último y creo que el más libro de todos. En la novela, el supuesto abanderado de la nueva narrativa “joven” peruana le rinde tributo a las viejas glorias de la novela. En su libro habita la técnica de Vargas Llosa (Lituma, La Casa Verde, Conversación…, La Fiesta del Chivo), la tragicomedia de Bryce (La vida exagerada…, No me esperen en abril) y la indigencia del escritor de los cuentos europeos y del diario de Ribeyro. No sé si a propósito o sin darse cuenta Roncagliolo ha condensando en este nuevo libro lo mejorcito que tenemos y ha creado uno de esos libros básicos para entender la narrativa de estos tiempos en el Perú.

“La millonaria Diana Minetti quiere escribir sus memorias, una historia llena de glamour y fiestas de la alta sociedad en Londres y París y contrata para el trabajo a un escritor peruano mediocre, arribista y casi ilegal –el alter ego del mismo autor sin duda- que quiere publicar un libro de éxito cueste lo que cueste”.

El libro es la historia de esta millonaria dominicana, pero también la del escritor peruano en medio de mafiosos, señoras bien, escritores y editores. Por el libro no solo pasan personajes como Batista, Trujillo, Lucky Luciano o Jackie Onasis sino también Vargas Llosa, Mario Bellatin y el mismo escritor peruano Santiago Roncagliolo, todo un cabrón, niñito bien que siempre tiene conversación para todo, según el narrador. Todos ellos juntos entre Madrid, París, Santo Domingo y Cuba.

Hace pocos días conversaba con un amigo sobre el silencio de nuestros narradores jóvenes, sobre aquella calma que de pronto se ha apoderado del panorama narrativo peruano. Ninguno de los que se perfilaban ha logrado trascender. Quizá culpa de la internet. A Thays lo preferimos como blogger. Quizá Castañeda ande preparando el libro que todos quisiéramos leer. Después todas las novelas publicadas son empresas de autores ya consolidados. En ese espacio desolado, solo Bayly, Alarcón, Bellatin (que no sé si es peruano ya) y Roncagliolo destacan (no debe ser casualidad que todos residan fuera del país). No necesariamente por su enorme talento (aunque vaya que lo tienen) sino por su regularidad, constancia y disciplina (aunque las tres palabras suenen a lo mismo).

Con este libro Santiago Roncagliolo se consolida como escritor. No descubre nada nuevo, pero demuestra que posee dominio narrativo, tiene historias que contar, y sobre todo cuenta con un aparato de marketing indispensable para hacerse de un sitio aún más grande en el mundo literario. En palabras de su personaje: tiene los editores necesarios. Solo queda esperar el “gran” libro, le sobra tiempo.

Foto sacada de Polítika

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