Tom Waits – Orphans: Brawlers, Bawlers & Bastards
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Jorge Esponda

El excéntrico Tom Waits lleva años haciendo lo que le da la gana con los sonidos más característicos de su tierra, los más fáciles y los poco accesibles, los más tribales y los más refinados, los que se impusieron en la cultura popular de mediados de este siglo y todos los que se pierden en el horizonte de la memoria colectiva o elitista. Lo único que no ha resultado nada extraño de su viaje es el hecho de que en todo el tumulto hayan quedado pequeñas piezas desperdigas por todos lados como piqueos en un bar atestado de hooligans. La confesa labor de su recolección es la que dio origen a este desconcertante disco que por el momento sigue siendo lo último que nos ha regalado este rey de la errancia en el universo alternativo.

Perdón, digo disco cuando en realidad son discos. Tres playlists con 56 canciones en total. Unas son huérfanas desde hace años y otras, las más, fueron preparadas para la ocasión. Pero ello ya no viene tanto al caso puesto que todo aquí es tan caótico, sublime y descuadrante, como la soñada velada cantada de borrachos que Waits saber animar solo o acompañado. ¿Qué podría añadir a todos sus logros y a sus libertades de marginal? Pues no solo la circunstancia de crear síntesis o recopilaciones como buen cantautor al llegar la hora de las canas y las miradas atrás. En Orphans: Brawlers, Bawlers & Bastards este monstruo se las ingenia para ordenar sus payasadas y alucinaciones en un gran disco que conserva mucho de sus trances habituales, pero sin que siquiera caigamos en la sospecha de la repetición.
Todo ello se debe a que su radicalidad todavía conserva una singular frescura y curiosidad, algo que quizá no podríamos decir ni siquiera del gran padre Dylan y todos los de miembros de la comunidad que se dispersó en los años ’60. Siempre con la colaboración de su esposa Kathleen Breenan, Waits pega el silbatazo a estos bravucones y bullangueros bastardos, sin empacho al decir que los puso juntos en una colección carente de ambición. En una parte suenan movidas tonadas folk, blues, rock; en otra su lado más sensible y tradicional; y en el restante, su lado más experimental. Guitarras, acordeones, campanas de vaca y banjos, conviviendo con saxofones, trompetas, pianos y clarinetes, y estos a su vez con sonidos analógicos y demás trucajes de estudio. ¿Acaso ese no es el contexto autentico de la Norteamérica en la que se mueve Tom?
Si eres fan, a ti si te recomiendo aguantar su escucha hasta un fin de semana para irte de largo con los hallazgos de este repertorio de expectorados que se saben defender muy bien solos. Ahí pasan temas excelentes para moverse, estremecerse, o incluso pensar y reírse. Gran parte de ellos se someten al tema final de la resignación, pero como siempre nunca sabremos que es lo que se toma o no en serio nuestro entertainer. Ahí tienen también la mayor colección de covers de su carrera, todos anómalos, que van desde su estupenda versión Sea of Love, a tributos a Ramones y al bipolar héroe Daniel Johnston. En fin, bien dicen que algunos creadores se encuentran mejor con su genio en trabajos que no dudarían en considerar menores. Este es uno de esos casos.
with no father and no mother
And everything was dead
And no one was left in the whole world
Everything was dead
And the child went on search, day and night
And since nobody was left on the earth,
he wanted to go up into the heavens
And the moon was looking at him so friendly
And when he finally got to the moon,
the moon was a piece of rotten wood
And then he went to the sun
And when he got there, the sun was a wilted sunflower
And when he got to the stars, they were little golden flies.
Stuck up there, like the shrike sticks ‘em on a blackthorn
And when he wanted to go back, down to earth,
the earth was an overturned piss pot
And he was all alone, and he sat down and he cried
And he is there till this day
All alone:
Okay, there’s your story!
Night-night!



