A dos años del terremoto en Pisco
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Monty Python

Dos años desde el trágico suceso que nos sorprendió de noche y nos unión como pocas veces. Pero como suele suceder, el tiempo transcurrido no parece haber hecho gran diferencia y la lucha por la reconstrucción de las zonas más afectadas sigue siendo un objetivo buscado casi solitariamente por los propios afectados. Quedan también los recuerdos de las visitas y promesas por parte de las autoridades que solo derivaron en la farsa de Forsur y el descuido de centros de salud o educativos.
Precisamente en Pisco se han producido protestas por las calles y carreteras, para reclamar por la lentitud en el proceso de reconstrucción de la ciudad, algunos de forma pacífica pero otros de manera más radical. Aproximadamente cinco mil personas se enfrentaron en horas de la mañana a la policía con el fin de bloquear la carretera Panamericana Sur a la altura de los kilómetros 226-230. Los atacantes quemaron llantas y colocaron piedras en la vía obstaculizando el tránsito vehícular. En horas de la tarde, algunos manifestantes desbloquearon la vía pero otro grupo continuó con la medida de fuerza hasta que la policía tuvo que utilizar bombas lacrimógenas para desalojarlos.
Esta noche se viene realizando una misa en el lugar donde se encontraba la iglesia San Clemente de Pisco, la misma donde murieron docenas de fieles el día del sismo. Pero mientras son solo algunas pocas inciativas particulares, como la llamada teletón por la reconstrucción de la Iglesia del Señor de Luren, las que mueven las cosas, queremos recordar como fue para nosotros aquél momento visto todavía auna corta distancia en el tiempo:

“Aquel anochecer me encotraba en el Club de Teatro de Lima. Preparaba mi calentamiento para las clases de expresión corporal cuando empezó el primer sacudón. Lo tomé en serio en la réplica. Como sabrán, el Club está en un sótano y, aunque no lo crean, no podía subir las escaleras y me quedé ahí abajo hasta que pasara.”
Carlos M. Alarcón

¿Qué tan grandes somos en medio de todo?
“Aquella telúrica tarde de agosto, luego de salir al jardín para evitar esa “remota” posibilidad de ser aplastado por el pesado techo de concreto, y ver cómo la vivienda se movía al compás de ese inefable estruendo sonoro, reparé una vez más después de algún tiempo, pero esta vez de un modo particularmente directo, en que ese cuasi natural sentido de superioridad, dominio y seguridad que nos rige desde algún lugar oculto en las profundidades del inconsciente, que parecerían ya casi de naturaleza ontológica y filogenética, y que se confirma y reafirma por toda la grandiosidad de la obra humana terrena, tanto en el orden material y como en el del desarrollo espiritual, puede verse frontalmente cuestionado y arrinconado de manera violenta, reduciéndonos momentáneamente a una condición diminuta, insignificante y pasajera.
Apenas un pequeño e instantáneo movimiento de las entrañas del planeta, con repercusión en una pequeña porción de su superficie, representó una toda una catástrofe para muchos seres humanos en el sur de nuestro país, para quienes esa posibilidad de ser aplastados mortalmente, no fue para nada remota. Para ellos, sólo existe hasta ahora la preocupación por reconstruir sus casas y sus vidas, sin la presencia de muchos de los suyos a su lado, con un dolor que difícilmente se apartará de su interior por el resto de sus días, y el recuerdo de un momento que pervivirá para siempre en su memoria. Quizá ellos estén más convencidos que muchos de la fragilidad de nuestra especie, y con mayor razón aún mientras esperan una ayuda más efectiva y decidida que todavía no llega.”
Yuri Muñoz
Han pasado ya dos años y casi no me he dado cuenta. ¿De qué modo revivir vivencias de ese tipo? Podría comenzar hablando del antipático trabajo que tenía entonces. Me había quedado revisando otra corrección de última hora, de esas que seguramente no me pagarían al terminar el mes. Pero ahí estaba yo, rodeados de compañeros de trabajo, esperando que sean las 6:30 como cada tarde de agosto de ese año infame que fue 2007. No sabría decir si hubo algún presagio. Todo estaba salpicado por esa engañosa calma que trae bajo el brazo la rutina. Estábamos saliendo cuando ocurrió. Al principio era un ligero movimiento en el suelo que luego empezó a volver más fuerte y vehemente. Una coreografía extraña. Habiendo nacido en la década del ochenta, era la primera vez que sentía un sismo de esa intensidad. En Lima lo peor que pasó fue el sobresalto, la angustia. Pero el sur no corrió la misma suerte. Y aunque la ayuda humanitaria, las donaciones de sangre y la preocupación fue un magnífico gesto de parte de los limeños con los caídos y damnificados en Pisco, también era triste saber que eso se acabaría pronto. Como sabíamos que los discursos demagógicos desde Pisco al día siguiente del sismo e, incluso, la iniciativa de Forsur, eran un saludo a la bandera, parte de la coyuntura mediática. Hay cosas que están más allá de esa coyuntura, como esa ciudad en ruinas desde hace dos años. No será el gobierno, ciertamente, sino la propia gente de Pisco la que reconstruya su ciudad.
B.D.




[...] the blog Otras Tardes [es] publishes accounts of those who experienced the earthquake. The blog WEBM [es] writes that the suffering continues in Pisco two years later: Es increible que [...]
[...] of the affected areas? Where is it? Meanwhile the blog Otras Tardes [es] publishes accounts of those who experienced the earthquake. The blog WEBM [es] writes that the suffering continues in Pisco two years later: Es increible que [...]
[...] frattempo il blog Otras Tardes pubblica dei racconti di quanti hanno vissuto il terremoto [sp]. Il blog WEBM scrive che la sofferenza continua anche due anni dopo a Pisco [sp]: Es increible [...]