Gustavo Cerati parece haber abandonado el terreno de la sugerencia. No se puede decir que luego de la reunión de Soda Stereo, el compositor porteño haya destacado en su producción solista. La carrera de Cerati deja la sensación de encontrarse en un estado de permanente transición: singles anodinos, la autoreferencia, el boomerang lanzado con menor o mayor suerte al pasado. Si Colores Santos, Amor Amarillo e incluso Bocanada fueron ejercicios rebosantes de creatividad, ideas frescas y pop vital, desde Siempre es Hoy el derrotero del artista gaucho se ha caracterizado por una medianía lamentable, como si se tratara de sacar un disco cada dos años para indicar que se encuentra en vigencia. El silencio y la pausa a veces son opciones legítimas, y bien hubiera hecho Cerati en tomarse un año sabático.

Fuerza Natural es su nuevo intento por demostrar que es un artista aún en boga. Un álbum con pretensiones conceptuales y que alberga una gama variada de sonidos: de la electrónica al folk, del rock sesentero al funk; por lo demás, un eclecticismo musical que siempre ha distinguido su discografía. Como también han abundado las críticas de oportunismo y saqueo de las tendencias o modas musicales: algo bastante discutible, pues si bien Cerati ha aprovechado, por ejemplo, la influencia de grupos como Stereolab o My Bloody Valentine en el pasado, también era capaz de desmarcarse del modelo imponiendo su propia personalidad compositiva: un talento para evocar con sugerencia, la impronta del genio pop para condensarlo todo en una frase o estribillo. Esa magia, ahora parece no acompañarle del todo.

Lo que encontramos ahora es un Cerati errante, que cabalga sin mucho sentido y propiedad por todos los terrenos sin encontrar el equilibrio. La riqueza de referencias no es necesariamente una virtud, porque puede llegar a abrumar y confundir. El proyecto del músico argentino es bastante ambicioso para este álbum, basta enfocar la atención en los videos de Fuerza Natural para reparar en ello. La idea es que cada uno de las canciones que conforman la placa cuente con un video y luego la suma de todos, formen una cinta a modo de una road movie. Arriesgada empresa de la que hasta el momento, hemos visto dos clips: “Déjà Vu” y “Rapto”. Producciones irreprochables sin duda para el panorama musical latinoamericano. Fotografía impecable, edición prolija, detalles técnicos prácticamente intachables. Pero no basta con hacer videos que remitan al cine independiente americano o que se regodeen en cierto bizarrismo narrativo: las máscaras caen rápidamente, el exceso de maquillaje no oculta la verdad. Puede que para los fans (tan fieles a su carrera) todo siga tan intacto como ayer, pero luego de escuchar y ver lo último de Cerati, provoca cualquier cosa menos mojarse los labios y soñar.

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