Alicia Keys – The Element of Freedom

Como a casi cualquier admirador suyo, lo que me encantó de Alicia Keys desde el comienzo fue la distancia que marcó con respecto a casi todas las aspirantes al reino del R&B que tuvieron que coquetear con el repunte del teen pop encabezado por Britneys, Cristinas, Mandys y similares. Ahí donde todas querían solo sonar con las muletillas alusivas a las diosas máximas del soul, la cantautora neoyorquina demostraba ser una inquieta exploradora de sonidos que incluían el uso de esas teclas clásicas de su aprendizaje musical de toda la vida. Con irregularidades, sus discos anteriores dejan recuerdos fuertes y emocionales en grandes canciones como Fallin’ o You Don’t Know My Name. Motivos suficientes para seguir los pasos en la evolución de esa promesa durante los últimos diez años.

Pero debo reconocer que aunque lo esperaba con especial atención, The Element of Freedom, su cuarto disco, marca una pausa en su mejor registro. Esta vez, la chica del piano se juega por una carta un tanto más edulcorada que sus anteriores melodías nada gratuitas sobre el desamor y superación. Alicia nunca ha sido de las estrellas que se regalan en jugadas facilistas en pos de obtener mayores audiencias, y no creo que tampoco sea este el caso. Pero en este nuevo trabajo se permite dar un salto más notorio al soul pop más convencional de estudio, con todos los artilugios que ello implica. No es raro que los que gozan de la intensidad de interpretaciones pasadas, tilden rápidamente este disco de demasiado compareciente.

Tal vez sea esa la libertad a la que se refiere Keys, desde el título y un breve anuncio en el arranque, más que a la batalla interior por deshacerse de los efectos paralizantes de la ruptura que recorren las estrofas de casi todos estos nuevos temas. Es la oportunidad que se da para jugar con los elementos y sonidos sensuales tanto como con la imagen y recetario del showbiz. Un trabajo producto más de su gusto por experimentar que por mero oportunismo. Eso se distingue en la cuidada elaboración de cada corte, incluyendo los que han servido para el lanzamiento Doesn’t Mean Anything y especialmente Try Sleeping with a Broken Heart, con un potente toque ochentero en el coro.

Desconcierto no falta en algunos momentos contradictorios. Like the Sea es un tema que vuelve sobre sus pretensiones, con ese arranque sacado del Arabesque debussiano, para a continuación dar rienda suelta al más cantado aspirante a hit del disco Put It in a Love Song, un dúo con Beyoncé que promete ser cacareadísimo en las próximas semanas. Personalmente me quedo con los momentos en los que la fuerza contenida de sus interpretaciones se impone nuevamente como en la estupenda Love is Blind, ese aire jazzy en medio de That’s How Strong My Love Is, y en su versión de Empire Estate of Mind ya si Jay Z. Siendo un disco nada despreciable, en The Element of Freedom Alicia sigue todavía dejándonos con la deuda de ese gran disco esperado desde hace ya no poco. La diferencia es que acá parece encontrarse con menos posibilidades para conseguirlo.

Love is Blind

Empire State of Mind (Part II) Broken Down

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