Sobre la muerte del padre del racionalismo moderno, se han tejido algunas hipótesis. La creencia de que se trató de una neumonía que lo agarró durante su breve estancia en Estocolmo, Suecia, en 1650, fue rebatida en 1980 por el historiador y médico alemán, Eike Pies. Este aportó las primeras pruebas de una carta oculta en la Universidad de Leiden, escrita por el holandés Johan Van Wullen, mádico de la corte de la reina María Cristina. aportó las primeras revelaciones, que llegaban a la conclusión de que el pensador pudo morir por envenenamiento con arsénico.

Aquella teoría ha sido retomada por el especialista Theodor Ebert, quien se encuentra listo a publicarla en un trabajo que ha concitado la atención de los medios filosóficos europeos. Al parecer Ebert reconstruye de forma minuciosa, ese complot y en general los últimos dos meses en la vida de Descartes, cuando viaja rumbo a Escandinavia.

En 1649, el filósofo se encontraba en la cima de su fama en Europa, pero su triunfo intelectual devino en un mayor enfrentamiento con el integrismo religioso, que consideraba sus teorías matemáticas y científicas como virutales de herejía. cuando Descartes aceptó la invitación y se instaló en Estocolmo, lo hizo en la residencia personal del embajador de Francia, donde también residía un capellán muy conservador, François Viogué. Descartes solía confesarse y comulgar con cierta regularidad, antes de dirigirse a palacio, donde debía entrevistarse con la Reina, todos los días a las cinco de la mañana.

La tesis del profesor Ebert es que Descartes fue envenenado por el capellán Viogué, que le habría dado una hostia bañada en un producto similar al arsénico. Ebert ha recurrido a la historia de las ideas, para mejor reconstruir el posible asesinato por envenenamiento de Descartes. Viogué fue un capellán ultra conservador, temeroso de la influencia que el filósofo y científico podía ejercer en la Reina de Suecia. A juicio de Ebert, Viogué compartía hacia Descartes el mismo odio intelectual que muchos otros integristas religiosos de su tiempo: el racionalismo y las tesis del filósofo chocaban con la teología oficial de la época.

Si es que Ebert lo publicara como novela de misterio, el best seller estaría asegurado, y también la inminente película. ¿Se imaginan a Viogué convertido en el nuevo Salieri? Por lo pronto eso me da pretexto para volver sobre El discurso del método, el cual dejé apenas comenzado, debo decir con no poca vergüenza.

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