El nuevo rostro del cine mexicano
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Carlos M. Alarcón
Un antes y un después
El cine mexicano ha sido y sigue siendo una industria sólida que ha ido evolucionando con el correr de los años. Desde la genialidad de Emilio “El Indio” Fernández, Miguel M. Delgado o del propio Luis Buñuel, en su etapa mexicana, probaron ser los máximos representantes de aquella ola de grandes títulos e intérpretes que aún hoy perduran como iconos indiscutibles de un cine que, cada día, va convirtiéndose en un mero testimonio en las clases de cinematografía o una retrospectiva en cualquier canal por cable. Ya no hay más Pedro Armendáriz, María Félix o Jorge Negrete. Ni siquiera un Cantinflas o un Resortes, que desternillaban de risa a la platea. Los tiempos cambiaron y las nuevas tendencias enlutaron ese apogeo que costó mantener.
En una entrevista que le hiciera Fernando Ampuero al Indio Fernández, meses antes de morir, sobre la situación del cine mexicano en la actualidad, su respuesta fue categórica: “Es una mierda”. Y por años se mantuvo así, dejando en claro que nada era como antes y que los “charros” de ahora no eran nada glamorosos como sus predecesores. Esto se debió en parte a los malos manejos del nepotismo gubernamental en los períodos de Luis Echeverría (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982). La represión política se vio reflejada en una autocensura por la mayor parte de los cineastas y productores. La producción se redujo a películas picarescas sin pretensiones o a producciones estatales que, aunque dieron cierta libertad de expresión, nunca reflejaron las inquietudes y necesidades artísticas de los directores, libretistas y productores, mucho menos la realidad cruda que vivía la sociedad de esos periodos. En las contadas ocasiones en que alguna producción independiente fue realizada, el gobierno no aceptó su proyección, además de la correspondiente censura o a una distribución limitada por medio de presiones a las salas cinematográficas.
Los géneros se convirtieron en frívolos entretenimientos para el lucimiento de comediantes picarescos, vedettes y demás megaestrellas en ascenso, como Luis Miguel y las películas que protagonizó con Lucerito y échate a buscar cuántos más de esa estirpe.
Felizmente eso parece haber dado la pauta para cambiar ese estigma que durante las dos últimas décadas ha ido persistiendo la producción cinematográfica. Nombres como Arturo Ripstein, Jaime Humberto Hermosillo o Jorge Fons, refrescaron el ambiente y demostraron que había una oportunidad más para seguir apostando por ese cine auténtico y de autor.
Los nuevos directores
A propósito del lanzamiento de la película “Revolución”, compuesta por diez cortometrajes -la que ofrece una visión crítica de la Revolución Mexicana (1910-1917), de la que este año se celebra el centenario-, el productor del filme, Pablo Cruz, reunió a diez directores para que expresaran lo que para ellos era la Revolución en la actualidad. Entre ellos se encuentran los actores Gael García y Diego Luna, acompañados de Carlos Reygadas, Rodrigo Plá, Amat Escalante, Mariana Chenillo, Fernando Eimbcke, Gerardo Naranjo, Rodrigo García y Patricia Riggen.
Todos ellos forman parte de una generación de cineastas que buscan una alternativa fílmica dentro del dominio hollywoodense en México, para dotar de su cine un rostro propio y reconocible. Muchos de ellos han sido galardonados en festivales internacionales, pese a que sus películas tienen una vida corta en su cartelera local; pero en “Revolución”, cada cortometraje, de diez minutos de duración, ofrece una visión crítica de los frutos de la Revolución Mexicana.
Aunque por razones laborales ninguno de los realizadores estuvo presente en la presentación, se pudieron exhibir videos con sus declaraciones y experiencias al realizar dicho filme. “Siento que la Revolución, como la religión, es impuesta”, opinó en el video proyectado Gael García, cuyo cortometraje “Lucio” habla sobre el profundo despertar de un niño a la religión y el patriotismo.
En otro video, Diego Luna explicó que su corto habla sobre lo que ha sucedido con la tierra desde la revolución. “La tierra es para quien la trabaja; pero, como tantos ideales revolucionarios, ha sido olvidado”, añadió.
“Sigue siendo un país muy dividido entre ricos y pobres, con muchos pobres”, explicó por su parte en el “detrás de cámaras” Rodrigo García.
El largometraje se presentará este mes en la Berlinale, aunque no tiene previsto estrenarse en México hasta el 20 de noviembre, día en que se festeja la Revolución. El estreno será multiplataforma, es decir, se podrá ver en cine, televisión de pago y quizás en Internet.
El presupuesto fue de 2,29 millones de dólares de los que el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), institución pública de orden federal, aportó 994 mil dólares.
Las cintas de la Revolución
El centenario de la Revolución, así como el bicentenario de la Independencia son protagonistas este 2010 en México, con actos conmemorativos y celebraciones de muy diversa índole por todo el país. La directora del Imcine, Marina Stavenhagen, afirmó que este año se estrenarán siete producciones centradas sobre la Revolución mexicana y sus efectos.







